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Cuál es la amenaza creciente para los coches autónomos

El mundo del motor todavía no es suficientemente consciente del problema que crece en sus entrañas, ante la llegada de la era conectada y eléctrica. Los fabricantes deben enfrentarse también a sí mismos, en esta carrera contrarreloj.

Peligros para el coche conectado

En los últimos años, las amenazas para la seguridad automotriz se han elevado desde el reino de la posibilidad, hasta una temible realidad. Este asunto se ha vuelto de repente más crítico, a medida que cada vez más coches operativos están conectados, son eléctricos y utilizan características de conducción autónoma. El problema con estos innovadores coches es que, para ofrecer numerosos tipos de servicios, se supone que deben permanecer conectados. Esto los vuelve, por definición «crackeables».

Las capacidades del ciberdelincuente con el coche

Una vez estos acceden al coche conectado a Internet, podrían desconectar airbags o frenos, bloquear puertas e incluso robar el vehículo. Numerosos ejemplos confirman esta realidad creciente, como los diversos ataques a Tesla, por ejemplo por crackers chinos. Con este ataque en concreto, los investigadores se dieron cuenta de que se podían alterar los frenos a distancia, así como accionar las puertas y el maletero mientras los faros parpadeaban. Y es que con este sorprendente ataque se pudo controlar el automóvil, al servirse de la Wi-Fi y de la conexión de la celda de carga.

Asimismo se produjeron algunos descubrimientos por los investigadores, mostrando un defecto en el proceso en el que interactúan los elementos conectados del vehículo. Su trabajo era algo similar a un par de exhibiciones, donde remotamente «hackeaban» el coche y posteriormente lograban tomar el control de sus sistemas.

¿Hacia dónde van estos incidentes de seguridad?

A pesar de todo, ninguno de estos «hackeos» ha sido mostrado con vehículos corrientes en las calles. En cualquier caso, ellos sin duda han mostrado cómo los problemas con la ciberseguridad del vehículo se convierten en una amenaza mayor, para la industria automotriz. Esto es especialmente preocupante cuando los automóviles incorporan cada vez más innovaciones y tecnologías para la conducción autónoma.

Sin duda han preocupado a los gobiernos de ciertas naciones, hasta unos niveles muy elevados. Muchos ya contemplan publicar directrices para paliar dicho asunto, subrayando también el requerimiento de varias compañías para cooperar. El horizonte muestra la voluntad de crear vehículos flexibles, cuya ciberseguridad puede ser supervisada a lo largo de su vida útil. Sea como sea, la cuestión sigue siendo el cómo los coches, que cada vez se parecen más a ordenadores con ruedas, pueden protegerse de los crackers.

¿Qué medidas y actuaciones se plantean?

Una respuesta a esta cuestión podría ser que los distintos sistemas o marcos de trabajo que acompañan al coche estén dirigidos hacia cooperar, para mejorar así su aptitud. Todos deberían ser capaces de comunicarse. Esto incluye a sistemas que pueden convertir al coche en autónomo, parcial o totalmente, implicando que a su vez deben conectarse a otros vehículos y a una infraestructura, de lado a lado.

Así, cada vez más características y funcionalidades en los coches implican a una complejidad creciente. Un único vehículo está hoy equipado con millones de códigos de línea, instalados juntos, por diversos fabricantes y de maneras variadas. Esto suele dificultar su labor a los analistas de ciberseguridad, a los que les cuesta más encontrar brechas. Por ejemplo, si el software utilizado recientemente por Volkswagen para eludir las limitaciones de emisiones fuese infectado con un virus, podría llevar meses e incluso años detectar el problema.

No obstante, el próximo gran desafío será probablemente el diseñar tales vehículos, que unan seguridad y confianza. Sea lo que sea, es la mayor carrera mientras la competición dentro del sector crece paso a paso. A su vez, las compañías se vuelven exclusivamente dependientes de las más recientes tecnologías autónomas y conectadas, para diferenciarse de su competencia y ganar nuevos clientes.

Su rivalidad sin duda suele ocasionar reticencia a futuros conocimientos compartidos, sobre nuevas amenazas o vulnerabilidades. El problema evita incluso la cooperación, de la que saldrían más diseños seguros. Por lo tanto, lograr la coordinación en la industria automovilística es lo más importante. Y es que la mayor amenaza a la que debe resistir próximamente la sociedad, como cambio en el transporte, es la ciberseguridad del vehículo.

*Artículo escrito por Medha Bhagwat, y publicado originalmente en E Hacking News.

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