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Qué es un ordenador fotónico y por qué tiene en su mano el futuro del automóvil

Los ordenadores fotónicos poseen unas características distintivas, debido a las propiedades de la luz misma, y gracias a ello podrían ser la solución para alcanzar la conducción eléctrica y autónoma sostenible.

Ordenadores con luz

Para poder cumplir la promesa de traer vehículos eléctricos autónomos -AEV en inglés- con autonomía, funcionamiento y seguridad adecuados; es probable que se necesiten importantes avances en tecnología de sus baterías y en informática. Mientras que los ordenadores cuánticos suponen una solución a corto o a medio plazo para este puzle con los AEVs, hay otra que está más disponible para avanzar con esto: la computación fotónica.

¿Cómo funcionan los ordenadores fotónicos?

Para empezar estos utilizan luz láser en vez de señales eléctricas, para calcular y transportar datos. Esto resulta en una gran reducción de consumo de energía y en una mejora en parámetros de procesador cruciales, y relacionados con el funcionamiento. Ello incluye la velocidad de reloj y la latencia.

También permiten entradas desde múltiples sensores para llevar a cabo tareas de inferencia al mismo tiempo, en un único núcleo de procesador. Cada entrada estaría codificada con un color propio. Su mérito con respecto a un procesador tradicional es que este sólo puede llevar a cabo una tarea a la vez.

La ventaja de estos semiconductores fotónicos híbridos, sobre arquitecturas convencionales, radica dentro de las propiedades de la propia luz. Cada entrada de datos se codifica con una longitud de onda distinta, mientras que cada una trabaja en el mismo modelo de red de trabajo neuronal. Esto quiere decir que los procesadores fotónicos no sólo producen más rendimiento en comparación con su contraparte electrónica, sino que también son significativamente más eficientes en energía.

¿Qué debemos esperar de ellos?

Los ordenadores fotónicos sobresalen en aplicaciones que requieren una producción extrema con baja latencia, y con relativamente bajo consumo de energía. Son aplicaciones como informática en la nube y, potencialmente, conducción autónoma, donde se requiere el procesamiento de vastas cantidades de datos a tiempo real.

Esta tecnología está al borde de volverse disponible comercialmente, y tiene el potencial para dilatar el mapa de ruta de la conducción autónoma, mientras reduce a su vez su huella de carbono. Está claro que el interés por los beneficios de vehículos autónomos va aumentando, y la demanda del consumidor es inminente.

Por tanto, es crucial para nosotros no sólo considerar la seguridad que puede traer a nuestras carreteras, o las industrias que transformará. También lo es asegurar la sostenibilidad de su impacto en nuestro planeta. Dicho con otras palabras, es tiempo de hacer brillar con algo de luz a nuestros vehículos autónomos y eléctricos.

*Artículo escrito por Nick Harris y publicado originalmente en TechCrunch.

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