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¿Está el mundo preparado para acoger a los coches autónomos?

La industria del motor trabaja a conciencia para que sus coches sean cada vez más autónomos. Sin embargo, parecen olvidarse de si el ser humano y las ciudades están preparadas para acogerlos.

Coche autónomo: mito o realidad

En 2007, en una base de la Fuerza Aérea en desuso en California, equipos de investigadores de todo Estados Unidos se reunieron para competir en el tercer Gran Desafío de DARPA. Las dos competiciones pasadas habían tenido lugar en el desierto, con el desafío de conseguir que un automóvil robot encontrara su camino a lo largo de un itinerario fijo.

Esta vez el desafío era navegar por una ciudad falsa, con cruces, coches autónomos y otros conducidos por humanos. Hubo algunos golpes y rasguños, pero seis equipos completaron las tres ‘misiones’, viajando 55 millas -88 km- sin conductores. Según un blog, este fue “el momento… en que todo cambió“.

El mundo empezó a prestar atención. Los coches autónomos pasaron de ser imposibles a inevitables. Los miembros del equipo rival pasaron entonces a poblar las empresas de tecnología que canalizarán miles de millones de dólares hacia una carrera para desarrollar la tecnología del futuro.

La promesa de que un automóvil autónomo estaba a la vuelta de la esquina se basa en la observación de que la inteligencia artificial avanza exponencialmente. Después de una victoria de envergadura en 1997 de la IA sobre el mejor jugador de ajedrez del mundo, los titulares ahora anuncian que los humanos están siendo reemplazados en juegos más complicados; así como en tareas de traducción, reconocimiento de voz, traducción y diagnóstico médico. Los enormes aumentos en la potencia de los ordenadores y los datos disponibles permitieron que despegara el aprendizaje automático. En el CES 2018, el CEO de Nvidia, el fabricante de chips, anunció que la IA pronto resolvería la conducción autónoma.

Para la gente de tecnología, fue una prueba fascinante del aprendizaje automático en la naturaleza. Y las justificaciones sociales parecen claras. Los seres humanos son conductores poco fiables. Se emborrachan, se distraen y envejecen. Los ordenadores significan fiabilidad, seguridad y eficiencia. Los consultores analizaron los números y concluyeron que los automóviles autónomos permitirían reducir en un 80% la cantidad de automóviles. Eso conllevaría una reutilización del espacio actualmente dedicado al estacionamiento, cientos de miles de vidas salvadas y billones de dólares en beneficios económicos.

Los seres humanos son conductores poco fiables. Se emborrachan, se distraen y envejecen. Los ordenadores significan confiabilidad, seguridad y eficiencia.

YouTube está repleto de videos de coches autónomos en acción. Este -abajo- es de Tesla. Muestra algo notable: una inteligencia artificial que detecta y clasifica objetos en tiempo real; predice sus movimientos futuros y planifica un camino seguro a través de ellos: con mal tiempo, en calles complicadas, con peatones, ciclistas y otros peligros. 

Los sensores de Tesla no son particularmente complicados. Su argumento es que si los ojos humanos son lo suficientemente buenos, las cámaras de video funcionarán bien. El poder del sistema proviene de su capacidad para aprender de los datos obtenidos de los sensores en toda su flota. Cuando un Tesla aprende algo sobre el mundo, todos lo aprenden.

Esta historia es de una tecnología plug-and-play, que aprende y se adapta. Cambiará el mundo sin necesidad de que el mundo cambie. La historia es emocionante y seductora. También es falsa.

Los antecedentes: General Motors

La historia real de la tecnología es más larga y complicada de lo que sugiere la simple historia. Es una historia no solo de coches inteligentes, sino de carreteras inteligentes

En 1956, General Motors imaginó un futuro autónomo en su exhibición Motorama. A pesar de los roles sociales bastante fijos en su utopía -hombres fumando puros, mujeres sometidas- este sueño automotriz proviene de una época anterior a que Estados Unidos renunciara a la infraestructura. El sistema que se ofrece incluye “carriles de seguridad de alta velocidad” que permitirían a los conductores ir con las manos libres y servir helado en su guantera.

General Motors, un fabricante de automóviles de la vieja escuela, todavía sabe que para que su tecnología funcione, el mundo necesita recorrer al menos la mitad del camino.

Los ‘vehículos autónomos’ están lejos de ser autónomos. Para que la tecnología funcione, debe estar integrada en el mundo social y técnico: sus infraestructuras físicas y digitales, sus reglas legales y sus normas y prácticas sociales. Estas cosas difieren de según el lugar, lo que hace imposible una tecnología universal. 

La tecnología tampoco es inevitable. Su desarrollo está impulsado por poderosos intereses comerciales, que pueden no alinearse con el bien público. Podemos imaginar que, si las afirmaciones de la tecnología no se cuestionan, habrá presión para cambiar el mundo y adaptarlo a los vehículos autónomos.

La autonomía y sus problemas: Roomba

Usemos la Roomba como ejemplo, ese robot aspirador que rápidamente se ha convertido en parte importante de muchos hogares en el mundo. Los científicos que estudian cómo las personas usan Roomba han descubierto que no se trata simplemente de comprar un robot para resolver un problema de suciedad. Se necesita trabajo para hacer que las habitaciones sean navegables y legibles para Roomba. Los usuarios tuvieron que adaptar sus vidas para que Roomba pudiera hacer su trabajo.

La transición hacia un futuro autónomo será irregular y desigual.

¿Qué significa esto para los vehículos autónomos? La pregunta no es cuándo llegará la tecnología, sino dónde, para quién y de qué forma. En los lugares donde se prueban los vehículos autónomos, las calles se trazan con exquisito detalle y se equipan con semáforos inteligentes. Los lugares se eligen por su clima, la limpieza de sus cruces de carreteras, la previsibilidad de sus peatones y la riqueza de sus consumidores potenciales. La transición hacia un futuro autónomo será irregular y desigual.

Mejorando nuestra movilidad

Cuando los automóviles comenzaron a llegar a las ciudades de Estados Unidos hace más de un siglo, las calles eran lugares desordenados en los que interactuaban múltiples medios de transporte. El historiador Peter Norton describe cómo, en nombre de la eficiencia y la seguridad, las calles se reorganizaron para adaptarse al automóvil. El mundo del motor luchó duro y los peatones perdieron.

Muchas ciudades ahora están tratando de liberarse de la dependencia de los automóviles. Si queremos darnos cuenta de las ventajas de los vehículos autónomos sin repetir los errores cometidos en el pasado, no debemos sumergirnos en la tecnología. 

No está claro cuál es el enfoque correcto: en los EE. UU. el ideal autónomo se ha afianzado, mientras que en China hay un enfoque más centrado en la infraestructura. Pero en lugar de comenzar con una tecnología imaginaria, deberíamos comenzar con las necesidades de movilidad de las personas.

*Artículo escrito por Jack Stilgoe y publicado originalmente en Driverless Futures.

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