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‘Moby Dick’: el apodo de la velocidad

De cuando en cuando, la ingeniería logra lo imposible: llevar a un mito mucho más allá de sus límites. Ésta es la historia de uno de esos momentos.

Imagen de archivo del Porsche 935 'Moby Dick'

La historia de las competiciones automovilísticas está plagada de coches que no alcanzaron la gloria… pero que, a pesar de ello, perduran en el recuerdo de los aficionados. ¿Por qué?

La mayoría de ellos fueron, tal vez, ‘vencedores morales’ de alguna mítica prueba. Lideraron desde el principio, fueron los más rápidos, contaron con los mejores pilotos, remontaron hasta el primer puesto decenas de veces… Premisas muy diferentes pero con un final común: terminaron quedándose ‘a las puertas’ de la victoria.

Sin embargo, también existe otro tipo de coches que -casualidad o no- aprovecharon la capacidad fotográfica del cerebro humano para ‘fijarse’ en el imaginario colectivo. Y, por más años que pasen, quienes los vieron correr no pueden olvidarlos.

Diversas son también las razones: los colores de sus decoraciones, el sonido de sus motores, el diseño de su aerodinámica… O, como le ocurre al Porsche 935/78, todo lo anterior a la vez.

La silueta de la ballena

En los años setenta, quien quisiera construir un coche de carreras para competir en serio debía acogerse a la reglamentación de los Grupos ‘numéricos’ que establecía la FISA -Féderation Internationale du Sport Automobile, precursora de la actual FIA-, la cual abarcaba todas las disciplinas y supuestos posibles.

Partiendo de automóviles de serie sin apenas modificaciones -Grupos 1 y 2– la normativa iba progresando en la escala matemática conforme se añadían sobre aquéllos las evoluciones profundas en motores y chasis que daban lugar a los Grupos 3 y 4. Y, por encima de todos ellos, se encontraban los Grupo 5.

A diferencia de los anteriores, los Grupo 5 podían considerarse casi como prototipos de competición. Las libertades -y vacíos- de su reglamento técnico propiciaron que las marcas interesadas en la categoría creasen coches extremos. Tanto que, en ocasiones, parecía que el juego consistiese en utilizar lo menos posible de los modelos ‘de calle’ en los cuales se basaban.

Imagen de un Porsche 935

Porsche participaba en ella con su 935. Sobre la base de un 911 -del cual apenas quedaba intacto el techo-, recibía una aparatosa nueva aerodinámica consistente en un frontal aplanado -que desplazaba las ópticas casi a ras del suelo-, un ensanche radical de las vías -cubiertas por enormes aletas- y un espectacular alerón trasero. Bajo este último se instalaba un seis cilindros bóxer de tres litros de cubicaje, ayudado por un turbocompresor KKK y capaz de desarrollar 675 CV de potencia.

En 1978, el ingeniero Norbert Singer -su creador- vio cómo surgía una loca oportunidad: ganar con él las 24 Horas de Le Mans. Su cercanía personal al cuerpo técnico de la FISA le permitió anticiparse a los cambios en el reglamento que tuvieron lugar aquella temporada. Y sabedor de que el 935 podría evolucionar y convertirse en una máquina apta para la proeza, se encerró junto a Hans Metzger para averiguar cómo.

Amplió la cilindrada del motor hasta los 3,2 litros, añadiendo -de paso- un segundo turbo que elevaba la potencia hasta los 845 CV. Fueron necesarias varias adaptaciones extra para asegurar la fiabilidad: por ejemplo, invertir la orientación de la transmisión o sustituir la refrigeración por aire por una líquida.

En cuanto a la carrocería, fue su obra maestra. Alargó y rebajó el frente aún más para reducir la resistencia al aire. Pero el foco de sus esfuerzos se situó en la parte trasera: una prolongación que proporcionaba continuidad a la inclinación del techo y terminaba en forma de cola.

Imagen del Porsche 935 'Moby Dick' en boxes

Desde varios pasos de distancia, las líneas maestras del nuevo 935/78 guardaban cierta similitud con las especies marinas. Su tamaño y su pintura blanca terminarían por granjearle el literario apodo de ‘Moby Dick’: la ballena gigante que se rebelaba contra sus cazadores.

El sueño de un imposible

Ya ataviado con la librea oficial de Martini, el 935/78 debutó en competición en las 6 Horas de Silverstone. Pilotado por Jacky Ickx -cuya aportación como ‘Test Driver’ fue inestimable- y Jochen Mass, arrasó al resto de rivales y ganó la prueba con una abultada ventaja.

El éxito animó a los de Stuttgart de cara a Le Mans. Sin embargo, el escenario en la carrera francesa era completamente distinto: para ganar, debían superar a los prototipos del Grupo 6. Éstos eran más ligeros, y tenían una mayor autonomía de combustible gracias a un depósito más grande. La única alternativa de victoria pasaba por ser más rápidos que ellos, y compensar con esa velocidad pura el mayor número de paradas en boxes.

Aun con sólo 750 CV -para evitar roturas indeseadas-, ‘Moby Dick’ cumplió con su parte: registró en la recta de Les Hunaudières una punta de 366 km/h, el récord de la prueba. Pero las cuentas de los alemanes, por esta vez, no salieron. Finalmente, una leve fuga de aceite les aconsejó despertar del sueño. Rolf Stommelen y Manfred Schurti terminaron en octava posición, agotados por la infructuosa pelea.

Parte trasera del Porsche 935 'Moby Dick' en circuito

El desencanto de la marca con la decadencia de la especialidad les motivó a dar por amortizado el proyecto… sellando el destino de ‘Moby Dick’. Muy poco después, el 911 más potente de la historia fijaría su residencia en el Museo Porsche, donde habita desde entonces. Desde su rincón, sus suntuosas formas parecen justificar su breve -pero intensa- vida en una frase: «Mereció la pena».

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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