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Luike, la universidad del kiosco y la historia del ‘decano’

Enrique Hernández-Luike ha fallecido a los 93 años de edad. Posiblemente el pilar del periodismo del Motor en nuestro país; pero también la persona que hizo grande una profesión que muchos amamos. Este es nuestro pequeño homenaje a su figura.

Imagen Enrique Hernández Luike

He escuchado multitud de veces referirse a esta o aquella persona como «el decano de». Es habitual utilizar esa expresión para citar a alguien que lleva mucho tiempo al frente de un puesto, una institución, una colectividad… con lo que ello implica. Dicha persona suele ser alguien con una gran experiencia y méritos acumulados, que ha aportado mucho a la sociedad y que cuenta con muchos seguidores -de los de verdad, no los de redes sociales- y que provoca respeto y admiración sin proponérselo.

Pero hoy no me quiero referir a Enrique Hernández-Luike como Decano del periodismo del Motor en España -y muchos países de Iberoamérica- por la primera acepción del término que aparece en el diccionario de la RAE, sino por la segunda. En concreto, dice: «persona que preside una facultad o colegio profesional». Y no es que Luike tuviese su despacho o decanato en alguna universidad española. Tenía algo mejor.

Miles de personas como yo hemos crecido leyendo las publicaciones que, de forma constante y sin descanso, llegaban semana tras semana y mes tras mes a los kioscos. Y mientras que muchas de esas personas las utilizaban para saber qué coche -o moto, o furgoneta… o cualquier tipo de vehículo- comprar, tener la mejor información o, simplemente, entretenerse -que no es sencillo-, para otros tantos era como nuestro temario.

Sin darme cuenta, antes, mucho antes de iniciar la carrera de Periodismo yo ya estaba estudiando y preparándome para lo que quería hacer en el futuro: escribir de coches. Y cuando digo ‘antes’ me refiero a 1986, cuando cayó por primera vez en mis manos un ejemplar de Autopista. Un número especial, porque en portada se hablaba del 25 aniversario de la publicación, y no faltaba temas potentes en las 140 páginas de aquel ejemplar, con comparativas como la del Ford Fiesta XR2 y el Peugeot 205 GTX. Esa revista fue como mi matriculación para cursar estudios.

A partir de ese día, cada kiosco de prensa se convirtió para mí en una pequeña ‘Universidad Luike’ a la que acudía sin falta para recoger el ‘temario’ de la semana. Un temario en forma de revistas con las que aprendí redacción periodística, historia del Motor en España, análisis de mercado, actualidad, imagen y fotografía…

Por supuesto, también adquirí conocimientos de todos los productos de las distintas marcas que comercializaban automóviles en nuestro país, empecé a saber por qué destacaban los modelos de cada fabricante, cuándo se celebraban los principales Salones del sector y qué eran expresiones como ‘restyling’, ‘par motor’, ‘aerodinámica’, ‘banco de potencia’ o ‘subviraje’.

Una educación completa por un precio bajísimo, que me permitió llegar a la Facultad de Ciencias de la Información en 1995 con el objetivo principal de superar el ‘trámite’ de conseguir el título y comenzar a ejercer mi profesión, dentro de un sector que ya consideraba como mío. Y así fue como en el año 2000, apenas seis meses después de graduarme, empecé a trabajar en Luike en las oficinas de Paseo Imperial, en Madrid. Era como si el círculo se cerrase.

Había llegado el momento de empezar a poner en práctica toda esa teoría que el propio Luike me había enseñado a través de incontables horas de ‘estudio’. Ahora tocaba ponerse frente al teclado, frente al reto del folio en blanco y de empezar a contar historias como las que yo llevaba casi toda la vida leyendo.

Sin embargo, no me costó esfuerzo alguno ponerme a escribir de lo que yo amaba. El ‘decano’ de la prensa del motor en España me había enseñado muy bien y tenía la certeza de que fuimos muchas las promociones de jóvenes entusiastas como yo los que lograron lo mismo.

En mi caso, tuve el privilegio de formar parte del equipo fundador de Autofacil y ser el subdirector durante casi 13 años, hasta septiembre de 2013.

En definitiva, después de muchos años, había logrado una especie de doble grado: el oficial, el de la Universidad Complutense sobre las normas básicas del periodismo; y el práctico, el de la ‘Universidad Luike’.

El día 13 de febrero de 2022, Enrique Hernández-Luike fallecía en Madrid, rodeado de sus familiares y seres queridos. Una vida de 93 años extraordinaria, con un legado inmenso e irrepetible que todos aquellos que trabajamos en algún momento con él debemos empeñarnos en preservar, cada uno a nuestro estilo y manera, pero sabiendo que sin Luike, prácticamente ninguno de nosotros nos dedicaríamos a esta profesión que tanto nos gusta.

Descanse en paz, Decano. Un abrazo grande para toda su familia.


Así han querido decirle ‘adiós’ muchos de sus alumnos

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