Entrevistas

El libro que imagina 25+1 futuros distópicos en los que la tecnología es una amenaza

El bloguero, Pablo F. Iglesias, publica '25+1 Relatos Distópicos', una obra de ciencia ficción donde imagina un futuro donde la tecnología adquiere un papel relevante: "Tiene de realidad más de lo que me gustaría reconocer".

Portada de 25+1 Relatos Distópicos, el nuevo libro de Pablo F Iglesias

Según la Real Academia Española, una distopía es una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana. Imaginar un futuro en el que la tecnología adquiere un papel relevante, y los riesgos que eso plantea, es, precisamente, lo que lleva haciendo el bloguero Pablo F. Iglesias, a modo de relatos cortos, desde 2015. Ahora, gracias al impulso de los mecenas de la Comunidad de su web, ha agrupado esas historias en ‘25+1 Relatos Distópicos’. Un trabajo que nace del micromecenazgo y que puede adquirirse a través de Amazon, desde 2,99 euros en formato ebook y 9,49 en formato físico con tapa blanda. 

¿Cómo nace este libro? 
‘25+1 Relatos Distópicos’ nació de la más pura casualidad, respondiendo a otro artículo con tintes distópicos que publicó un compañero -¡Hola, Fabrizio!- en su web. En él, a finales de 2015, ya vaticinaba la victoria de Donald Trump en EEUU. Así, empecé a publicar algún relato en el que el papel de la tecnología acababa por volverse, cuanto menos, inquietante. Para cuando me di cuenta, estaba creando un universo que empezada con ese cambio de statu quo americano y seguía con movimientos como «La Descentralización» europeael auge de Reminder como plataforma social hegemónica, la expulsión del mundo civilizado de aquellos que había rehusado aceptar esta nueva realidad… 

¿De dónde surge la necesidad de publicarlo?
Algunos miembros y mecenas de ‘La Comunidad’ me lanzaron el órdago de aglutinar todos esos relatos en un libro. Reescribí algunas historias, reestructuré todas para unir puntos, y el resultado es una obra que tiene una línea narrativa clara. Hay unos cuantos relatos ‘core’ que forman el primer capitulo y el resto están formados por otros relatos que funcionan por si mismos, pero que guardan un nexo común. 

Generar un debate crítico

Se trata de ciencia ficción, pero… ¿cuánto tiene de realidad?
Más de lo que me gustaría reconocer. A fin de cuentas, la ciencia ficción no deja de ser una excusa para tratar temas desde una óptica más amplia, imaginando esos posibles escenarios que el análisis de la actualidad, por razones obvias, solo puede dejar intuidos, y centrándonos en sus efectos. Estos relatos no dejan de ser una mirada profunda a lo que supondría un abuso de una tecnología en particular. Es una manera de presentar un debate que me parece crítico plantar en la mesa. Ojalá que, con suerte, acabe germinando en la mente de algunos lectores. 

¿Llegará la inteligencia artificial a controlarlo todo? ¿Se está confiando todo a las máquinas, dejando atrás la interacción humana y la ética de las personas?
Sí y no. Es decir, la idea es que una máquina, como cualquier otra herramienta, sea utilizada cuando veamos que su uso aporta más beneficios que perjuicios. Bajo este prisma, parece que la tecnología asistida por agentes inteligentes tiene todas las papeletas para heredar funciones que hasta ahora ‘teníamos’ que hacer los humanos. Hay que dejar claro que el trabajo no deja de ser una obligación social. En el momento en el que exista una herramienta más productiva que nosotros, la figura de la labor humana dejará de tener sentido. Ese profesional podrá liberarse de dicha función y encargarse de otras, presumiblemente, menos repetitivas y pesadas. 

También te digo que ni tú ni yo vamos a vivir en un mundo sin trabajo. Se irán destruyendo puestos y se crearán otros. Si en algún momento esto se desequilibra, será porque hemos llegado a una situación Sociedad de la Abundancia– en la que podremos abastecer al grueso de la sociedad sin la carga histórica de trabajo que, hasta el momento, ha conllevado dicho abastecimiento. 

«Conducir será algo limitado a unos espacios específicamente diseñados para ello»

¿Cómo te imaginas el futuro de los coches conectados? 
No muy alejado a lo que tenemos hoy. Quiero pensar que nuestros hijos acabarán viviendo en un mundo en el que conducir será algo limitado a unos espacios específicamente diseñados para el tránsito de conductores humanos. Por tanto, las muertes por accidente -una de las principales causas de mortalidad en adultos en países desarrollados- serán prácticamente anecdóticas. Pero nos falta muchísimo. Y no porque la tecnología no esté ya preparada; sino porque debe convivir con la absoluta subjetividad e impredecibilidad del ser humano.

¿Qué características debería tener, para ti, un futuro tecnológicamente perfecto?
Debería ser humana y ‘medioambientalmente’ equilibrado. Tras leer el libro, se podría pensar que quien lo escribe es un pesimista nato. ¡Nada más lejos de la realidad! Me parece muy importante sacar a relucir estos temas. Que se expongan, sea mediante el genero de la ciencia ficción o como una pieza periodística en un medio de comunicación como este, y que se genere un debate alrededor. Esta es la única manera que tenemos de acabar creando un mundo futuro de bonanza que muchos deseamos. En estos últimos 100 años hemos duplicado la esperanza de vida. Nuestros padres han vivido mejor que nuestros abuelos, y nosotros, mejor que nuestros padres. Por eso es por lo que hay que luchar. Que sea en base a la tecnología, a la educación o a la política, es lo de menos.

Un debate ético

Si pudieras quedarte con un solo relato, ¿cuál sería?
Difícil pregunta. Supongo que, por cercanía a los temas tratados, me interesan mucho aquellos en los que hablo de cómo una Inteligencia Artificial puramente objetiva puede acabar representando un verdadero problema para el individuo:

«Quizás el mayor riesgo al que nos vamos a enfrentar será a la constatación de que, bajo la premisa de mejorar la salud biológica de futuras generaciones, estamos aceptando tácitamente que Sarah haga de juez y verdugo en casos de pacientes que aún no han tan siquiera sufrido algún tipo de enfermedad. […]

E iría más allá: ¿Qué pasaría si el sistema, que recordemos es capaz de predecir también eventos en base a todo ese volumen de información que tiene de nosotros, cae en la consideración de que usted tiene una relación con otra persona? Relación que a todas luces (intereses en común, momento de la vida que están viviendo…) va a conllevar el nacimiento de al menos un niño. Un nuevo miembro de la sociedad que, en base a la genética de sus progenitores, acabará heredando y contrayendo fibromialgia.

El problema entonces pasa de ser un riesgo aislado (un elemento de la cadena que será paulatinamente aislado del sistema sin mayor efecto que el individual) a uno globalizado. Su existencia está favoreciendo la proliferación de una herencia genética que ha demostrado ser nociva para el porvenir de toda la sociedad.

¿Qué es lícito entonces? ¿Dejar que ello ocurra a sabiendas que el daño a futuro será muchísimo mayor, o cortar por lo sano ahora, evitando el nacimiento de ese niño, y a amplio nivel, limitando artificialmente la evolución de herencias genéticas nocivas?»

Que al final no deja de ser más que un debate ético. Semejante, en todo caso, al que nos encontramos en la conducción asistida mediante inteligencia artificial. Frente a un accidente inevitable contra otro vehículo conectado, ¿el sistema debe anteponer la seguridad de aquellos que han pagado por el vehículo? ¿tener en cuenta razonamientos éticos como el número de afectados? ¿su edad? ¿su estado de salud? ¿o delegar la decisión, puramente, a la suerte? Lo bonito de la distopía es que nos permite indagar en lo que supondría elegir uno de estos caminos.

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