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La última moda de los ciberdelincuentes: copiar webs de compra-venta de vehículos para engañarte

¿Te acabas de enamorar de un vehículo que acabas de encontrar, con un ofertón, en la web de una conocida cadena de concesionarios? Ojo, presta atención, porque si algo es demasiado bueno es porque estás a punto de ser víctima de un ciberataque.

Pareja mirando una web de compra venta de coches en Internet

Hasta hace no mucho tiempo, la tarea de adquirir un vehículo nuevo o usado exigía ‘moverse del sillón’; bien para bajar al kiosco y comprar una revista del motor, para informarse… o bien para dar una vuelta lo más larga posible entre los concesionarios y tiendas de compra-venta que hubiese por la zona. Pero desde hace ya algún tiempo, esa situación ha cambiado notablemente.

Ambas cosas se pueden seguir haciendo, pero cada vez es más la gente que a base de reseñas en YouTube -como las que te propone HackerCar en sus vídeos de CarLab– y de entrar en webs de marcas, concesionarios o tiendas, puede llevar a cabo todo el proceso desde el ordenador o el móvil… sentados en el sofá de casa -o en alguna otra estancia del hogar-. Eso aporta mucha comodidad, que es algo que se valora mucho hoy en día, pero también puede conllevar riesgos, principalmente en lo que es el proceso de adquisición del vehículo -que es otra cosa que también se puede hacer en la actualidad desde casa-.

Así, en los últimos meses ha comenzado a producirse un hecho preocupante del que ya están alertando expertos y autoridades: la clonación de páginas web de concesionarios y plataformas de compraventa para engañar a compradores confiados. La técnica, que combina ingeniería social -es decir, tácticas que ‘juegan’ con tu mente para engañarte y convencerte- junto con herramientas de Inteligencia Artificial, está creciendo a tal ritmo que, incluso, ha obligado a la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos -FTC- a emitir una advertencia pública. Y no es para menos: los estafadores han aprendido a replicar webs legítimas con tal precisión que, a simple vista, resultan indistinguibles de las originales.

El mecanismo es sencillo. Los delincuentes copian logos, fotografías, listados de vehículos y hasta los textos corporativos de concesionarios reales. En algunos casos, incluso generan reseñas falsas de ‘usuarios contentos’ y testimonios inventados para reforzar la sensación de autenticidad. La IA hace el resto -incluso para ‘ciberdelincuentes’ que no tienen muchos conocimientos en material de programación o diseño web-: automatiza la creación de páginas completas, ajusta el diseño para que parezca profesional y permite que los estafadores pongan en marcha un sitio fraudulento en cuestión de horas. El resultado es una web que promete coches ‘raros’, clásicos difíciles de encontrar o precios demasiado atractivos como para dejarlos pasar. Ese es el gancho: la urgencia y la sensación de oportunidad -la ‘ingeniería’ que antes comentábamos-.

El comprador, confiado, inicia el proceso. La web explica con detalle cómo funciona la compra, ofrece supuestas garantías y hasta políticas de devolución flexibles -una estrategia clásica para desactivar sospechas, porque es habitual en las grandes tiendas legítimas de comercio electrónico-. En algunos casos, los delincuentes hasta proporcionan números de teléfono o chats atendidos por operadores -que también pueden ser una IA- que imitan el trato comercial de un concesionario real. Todo está diseñado para que el usuario crea que está ante una empresa seria. Pero cuando llega el momento del pago, aparece la trampa: transferencia bancaria, pago adelantado o métodos no reversibles. Una vez enviado el dinero, el comprador se queda sin coche y sin respuesta.

La FTC ha documentado casos en los que las víctimas, tras pagar, se desplazaron físicamente al concesionario real para recoger el vehículo. Allí descubrieron que nadie conocía su compra, que la web que habían visitado no pertenecía al negocio y que su dinero había desaparecido. El concesionario, además, queda atrapado en un daño reputacional que no ha provocado: clientes enfadados, denuncias y la necesidad de explicar que ellos también han sido víctimas indirectas de la estafa.

Este fenómeno se ha acelerado por el auge de la compra online de vehículos, una práctica que se disparó tras la pandemia y que ha normalizado adquirir un coche sin verlo físicamente. Los estafadores han entendido que el comprador moderno confía en las webs, en las fotos y en los procesos digitales. Y han decidido explotar esa confianza.

¿Es posible no caer en la trampa? Veamos. Para los compradores, la regla de oro es desconfiar de las ofertas demasiado buenas. Antes de enviar dinero, conviene verificar la existencia física del concesionario y, si es posible, visitar el lugar. Cuando la distancia lo impida, se puede recurrir a servicios de inspección móvil -empresas que revisan el vehículo en nombre del comprador-. Si el supuesto vendedor se niega, es una señal clara de alarma. También es recomendable buscar el nombre del concesionario junto a palabras como ‘scam‘, ‘complaint‘ o ‘review‘. Y jamás pagar por transferencia bancaria si no se ha verificado la legitimidad del negocio.

Para los concesionarios reales, la defensa pasa por monitorizar la aparición de webs que imiten su marca -y denunciarlas de inmediato-. Registrar variaciones de su dominio, reforzar la autenticación de sus plataformas y vigilar el uso no autorizado de sus imágenes puede evitar que los delincuentes clonen su identidad. Además, informar a los clientes sobre los canales oficiales y advertir de posibles fraudes ayuda a reducir el impacto reputacional.

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