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La nueva ley rusa que piensa en los datos de los coches

Compartir datos se ha convertido en una constante en un mundo cada vez más globalizado. Rusia es consciente de ello y ha desarrollado una nueva normativa, ¿triunfará?

Los datos generados por los coches conectados son activos necesarios a la hora de mejorar la interacción con el conductor. Conscientes de su importancia, en Rusia ya han anunciado el desarrollo de una normativa para su integración en el mercado del Big data. Sin embargo, aún es una idea embrionaria que tendrá que pasar por el parlamento para ser una realidad.

En el país del Kremlin la fluctuación de datos entre compañías no es algo nuevo. Por ejemplo, las aseguradoras cuentan con una base común de la que benefician todos por el módico precio de un céntimo. De hecho, son ellas mismas las que aplauden el proyecto al considerar que aumentaría la demanda nacional del país en otros sectores empresariales.

Pero no todo el mundo ha recibido de buen grado la idea. Los productores de datos, entre los que se encuentran los fabricantes y distribuidores de automóviles, no han sido tenidos en cuenta para la elaboración del proyecto de ley. Y es que consideran una incongruencia que les obliguen a pagar por los datos que generan, por lo que se acogen a las directivas vigentes en la UE que reconocen el derecho de los productores a participar en su monetización. Estrategia que se ha aplicado con éxito en Norteamérica y que, según expertos en el sector del automóvil, aumenta la confianza en la cadena de valor.

Ahora bien, el último escollo es conseguir la financiación gubernamental, dado que su finalidad no es de carácter comercial. A eso, además, habría que sumarle que los presupuestos del estado ruso para este año son muy débiles, con caídas previstas del PIB hasta en un 5% como consecuencia de la pandemia que azota al mundo.

Hasta el momento, el proyecto ha superado el primer filtro del gobierno para continuar desarrollándose en 2021, lo que significa que se trabajará en términos legislativos y en el impulso de proyectos piloto que involucren esa fluctuación de datos.

Joven picapedrero del teclado. Periodista siempre en formación, porque uno no termina nunca de serlo del todo. Polivalente, ambicioso y con un punto mesurado e imprescindible de visceralidad. En otro orden de cosas, amante de la música y los eventos culturales en directo. Ahora, tras haber escrito sobre política y deporte en medios punteros, es el momento de acercar al público el desconocido mundo de la ciberseguridad automovilística. Para ello, sencillez, vocación divulgativa y una cucharada sopera de humor. Seguro que lo pasaremos genial.

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