Tecnología HC

La maravillosa idea que ha tenido la tecnología

Una de las maravillas que nos permite la técnica actual es la de 'devolver a la vida' a las viejas leyendas que llegaron a robarnos el corazón. He aquí una historia más que lo prueba.

Imagen del Heigo-Porsche 911 original y sus tres réplicas

Por mucho que ‘a pie de cuneta’ pudiésemos quejarnos los aficionados a los rallys, Porsche nos hizo un gran favor a todos cuando decidió homologar sus 911 para la especialidad en 2011.

Y es que, no en vano, su paso meteórico por las curvas rápidas -unido a sus contoneos típicos de ‘todo atrás’ en las horquillas- se plantea hoy como un acto de rebeldía frente a unos rivales que trazan con la precisión de un tiralíneas. Un eco lejano de una época en la cual, su particular forma de correr… era la de los campeones.

Entre los años sesenta y setenta, un equipo ‘oficial’ de rallys era más bien un garajista solvente que solía especializarse en un modelo o marca concretos. Ya existían algunas excepciones -como VW-Porsche Austria, la BMC, Lancia o Alpine-, pero la tónica tradicional era aún mayoritaria. Y el ‘arma’ más extendida entre estos artesanos del tramo era siempre la misma: el 911.

Especialistas de todos los rincones de Europa competían entre sí por lograr la mejor preparación de este modelo, buscando también con ello un éxito de ventas y la posibilidad de asociar su nombre a los triunfos de sus clientes-pilotos. Si preguntas por el más famoso, cualquier aficionado curtido te mencionará a los ‘Almeras Frères’, cuyas creaciones dominaron el asfalto del Viejo Continente desde Montecarlo hasta las ‘arenas doradas’ de Bulgaria.

Hoy añadimos a la historia otro más. A diferencia de sus coetáneos franceses, Heigo-Porsche sólo construyó una unidad. Pero la pasión depositada en su trabajo -como verás a continuación- hizo posible que su recuerdo perdurara en el subconsciente de todos cuanto lo tuvieron cerca.

Por amor al arte

En 1979, Dieter Röscheisen era un joven ingeniero que disfrutaba del trabajo de su vida: probar los modelos de Porsche antes de que salieran al mercado. Sin embargo, en sus ratos libres preparaba un 911 SC con la intención de esquivar su anonimato como ‘Test Driver’ y convertirse en una estrella de los rallys.

Walther Röhrl a los mandos del Heigo-Porsche 911

Su esfuerzo le granjeó un breve éxito, pues llegó a participar en varias pruebas de carácter internacional. Y, de regalo, trabó amistad con ‘un tal’ Walther Röhrl, quien -enamorado del coche- le pediría permiso para pilotarlo en otras tantas.

Pero, efectivamente, su ‘fiesta racing’ no tardaría en echar el cierre. Como buen ingeniero, Röscheisen no había reparado en gastos durante la preparación. Ello significaba contar con el dinero justo para neumáticos, combustible… componentes que siempre dejan un ‘debe’ en las cuentas de un carrerista.

Finalmente, en un parque cerrado de Ratisbona, el Heigo-Porsche apareció con un cartel de ‘Se Vende’. Röhrl hizo de intermediario entre Röscheisen y un comprador inglés. Corría 1980, y era el momento de poner punto y final al sueño de los tramos.

Al rescate de la pátina

Estamos a finales de 2009. Suena el teléfono de nuestro protagonista y, al otro lado de la línea, recibe una noticia que apenas puede creer. Stephen Davies -un asesor fiscal británico, entusiasta de la marca- acababa de restaurar un 911 de edad y formas similares al que fue suyo. Lo había sacado de un párking en Sheffield, con tres décadas de abandono encima. Y, creyendo que estaba ante una pieza común, remató su proyecto con una decoración distinta a la original.

Cuando -en uno de los primeros eventos a los que asistió con él- le preguntaron por la pintura primigenia, sus pesquisas le llevaron a pensar que podía haber sido una unidad pilotada por Röhrl. Tras consultarlo con el astro alemán, éste -en un momento de asociación instintiva- le proporcionó el contacto con Röscheisen.

Detalle de la aleta trasera del Heigo-Porsche 911

Superado el ‘shock’ de reencontrarse con el gran amor de su vida, el veterano ingeniero recurrió a uno de los detalles únicos del Heigo-Porsche para identificarlo: los anclajes de la antigua jaula de seguridad coincidían con los que aparecían en sus viejas fotos.

Como él mismo explica, «los puntos de soldadura eran únicos. En 1979, diseñamos todos los componentes de este Heigo-Porsche específicamente para su participación en rallys, de tal manera que los saltos no terminaran provocando una torsión excesiva».

Definitivamente, era su coche. Y, por suerte para él, su nuevo dueño estaba dispuesto a devolverle su gloria, toda vez que ya era consciente de que había adquirido un vehículo emblemático. Para 2010, el Heigo-Porsche volvió a ser el que fue. Incluido su particular diseño firmado por Ginger Ostle, quien se sirvió de la luz de una lámpara -proyectada sobre la carrocería- para distribuir las tonalidades blanca y azul.

El mito… multiplicado

Pero la historia no acaba aquí. Animado por el rescate del Heigo-Porsche original, construyó -entre 2010 y 2013- hasta tres réplicas con la colaboración de otro buen amigo, el restaurador Rafael Díez. La primera de ellas -denominada ‘Evo II’– forma parte del garaje del propio Röscheisen. Las otras dos -catalogadas, a su vez, como ‘Evo III’- fueron vendidas a Klaus-Jürgen Orth y Udo Müller, empresarios de telecomunicaciones atraídos por la particular leyenda de la máquina.

Foto de familia de los cuatro Heigo-Porsche 911 y sus dueños

Salvo por unos 62 CV de más en estos últimos, los tres han contado -al igual que el original- con el toque de Röscheisen en la parte técnica y el asesoramiento de Röhrl para la puesta a punto. Como bien recuerda el bicampeón alemán, «Rafael, Dieter y yo trabajamos intensamente en el desarrollo. Experimentamos con diferentes tipos de muelles y amortiguadores y fuimos logrando avances poco a poco».

Y así fue cómo la tecnología no sólo resucitó una leyenda que había permanecido tanto tiempo desaparecida. También fue capaz de darle continuidad en la forma de algunos ejemplares más, con el mismo ‘aroma’ que aquélla. Y, por último, ayudó a forjar una férrea amistad a su alrededor entre apasionados de los rallys.

Walther Röhrl derrapando con el Heigo-Porsche 911

De hecho, se cuenta que Walter Röhrl aprovechó una reciente reunión de los cuatro Heigo-Porsche para dar rienda suelta a sus recuerdos de la ‘vieja escuela’ en un camino de tierra privado. Encadenando derrape tras derrape, de una curva a otra. Como los buenos. Como los eternos.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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