Prueba a fondo

Jaguar I-Pace EV400 HSE

Con el I-Pace, Jaguar se 'estrenó' en la automoción eléctrica moderna. Pero, ahora que existe una fuerte competencia premium... ¿es capaz este sigiloso felino de 'aguantar el tipo'?

Imagen frontal del Jaguar I-Pace

Qué debes saber sobre el Jaguar I-Pace:

Que es un modelo muy ‘joven’. Surgido en 2018 -hace apenas cuatro años-, el Jaguar I-Pace es el primer producto eléctrico en la historia reciente de la marca. Mide 4,68 m de longitud por 1,89 de anchura y una escueta altura de 1,56 m que le confiere una afilada aerodinámica de 0,29 Cx. Proyectado inicialmente por el lápiz de Ian Callum como ‘I-Pace Concept’, pasó directamente y sin cambios a la fase de producción, algo poco común en la industria. Entre los galardones que ha conquistado en su trayectoria, destaca su reconocimiento como ‘World Car of the Year’ en 2019.

Que, efectivamente, es el primero… de muchos más eléctricos. Con el arranque de su estrategia ‘Reimagine’ a principios de este 2021, Jaguar está recorriendo el camino para convertirse, antes de 2030, en una marca con un ‘portfolio’ de productos copado al 100% por modelos eléctricos. Uno de los más esperados será su próximo ‘buque insignia’, un sedán de gran tamaño que ocupará el hueco del actual XJ.

Que es un auténtico ‘templo’ de la tecnología. El I-Pace de nuestra prueba pertenece al acabado HSE, el más completo de la gama. Ello implica que, afortunadamente, tenemos acceso a casi todo lo que el modelo puede ofrecer. De serie incorpora -a modo de ejemplo- control de crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril, detectores de ángulo muerto o una vista virtual en 360º. La cesta de las opciones nos tienta con ‘extras’ tales como el retrovisor virtual ClearSight, un esquema de suspensión activa o un ionizador de aire para el habitáculo. La unidad analizada incluye varios de estos últimos, lo cual deja su tarifa final en unos 100.049€.

“el I-Pace es algo más que otro eléctrico. Es un automóvil del futuro… que puedes adquirir hoy. Pero, al mismo tiempo, no cae en el pecado de volverse demasiado complicado de ‘entender’, como sí ocurre con muchos de sus rivales”.

Lo peor en una partida de cartas -y más si hay dinero en juego, o algo peor- es empezarla. Ese momento en que uno de los jugadores sentados a la mesa debe superar ese temor natural… y lanzar sus naipes boca arriba sobre el tapete. Hasta que eso ocurre, transcurren segundos aparentemente interminables. Pero, al final, siempre surge una mano valiente.

Vivimos tan al cabo de la actualidad, que tendemos a olvidar lo que pasó hace -relativamente- poco tiempo. Allá por 2018, no todo el mundo tenía tan claro que el futuro era eléctrico. Mucho menos en la ‘zona premium’ del mercado, donde el placer de la conducción y el sonido de un buen motor gasolina aún eran -y siguen siendo- argumentos de compra decisivos.

No obstante, en Estados Unidos, cierto filántropo de nombre Elon Musk había logrado ‘colarse’ en un segmento plagado de tradiciones centenarias, de costumbres que ‘se dan por sentadas’. Y, sin aparente respeto por unas u otras, estaba creando una nueva definición de lujo ‘sin humos’ la cual, progresivamente, acaparaba cada vez una mayor parte en el pastel de las ventas.

Imagen posterior del Jaguar I-Pace

Alguien debía dar una respuesta, y Jaguar fue la primera en hacerlo. Gracias a ese momento de audacia, el I-Pace es algo más que otro eléctrico. Es un automóvil del futuro… que puedes adquirir hoy. Pero, al mismo tiempo, no cae en el pecado de volverse demasiado complicado de ‘entender’, como sí hacen muchos de sus rivales.

Una suavidad muy bien recibida

Por terminar rápidamente, iremos al grano: a pesar de ser su primera planta motriz eléctrica a la venta, ésta es sorprendentemente buena. Dispone dos propulsores gemelos -uno por cada eje- con una potencia conjunta equivalente a 400 CV. Con estos datos, ya podemos preguntarnos si tendrá la ‘fuerza’ y la agilidad que esperamos de un Jaguar al uso.

Y la respuesta es un rotundo sí. Tanto en carretera revirada, como en ciudad -o autopista- las más de dos toneladas del I-Pace no se dejan notar. Y, si bien sale desde parado con la agilidad que esperas, no llega nunca a efectuar arrancadas ‘rompecuellos’ como un Porsche Taycan o cualquier Tesla. Ni siquiera seleccionando el modo de conducción ‘Dynamic’, el más deportivo de los tres que ofrece -los otros dos son el ‘Eco’ y el ‘Comfort’, el más recomendable a nuestro juicio-.

Pero ni falta que le hace. Tras los primeros kilómetros, nos queda claro que este Jaguar es muy diferente a sus rivales, en una medida similar a aquella que separa el solomillo de buey y los perritos calientes. Con modales de caballero, nos pide un manejo tranquilo, brindándonos a cambio un refinamiento propio de los históricos sedanes del felino. Nos asiste, en las ralentizaciones, una capacidad de regeneración harto notable; prácticamente no utilizarás los frenos. Otro tanto puede decirse del acelerador, el cual con un 20% de recorrido ya permite un andar fluido y alegre. Ello posibilita -a su vez- que la demanda de energía de la batería sea mínima.

Toma de carga del Jaguar I-Pace

Ya que mencionamos la batería, pasemos a hablar de la autonomía. La marca la estima en aproximadamente 450 km según el protocolo WLTP. Según nuestros apuntes, durante la prueba nuestra unidad arrojaba -desde el panel de instrumentos- estimaciones en torno a los 380 ó 400 km con algo más del 90% de carga, lo cual supone un margen aceptable.

En materia de recarga, dispone de un conector de corriente continua mediante el cual puede -por ejemplo- recuperar una cuarta parte de la energía en apenas hora y media. La integración de las células en el vehículo es poco menos que sublime: se sitúan bajo el habitáculo, y no crean problemas perceptibles de habitabilidad. Incluso queda espacio de maletero para guardar la rueda de repuesto opcional, cosa imposible en muchos otros eléctricos.

Ayudas: más de las que podrías imaginar

Comenzamos un capítulo de ayudas a la conducción con un control de crucero adaptativo que se comporta con mucha suavidad. Procura, como es lógico en un eléctrico, servirse del acelerador lo menos posible. Y lo consigue, manteniendo así una circulación ‘a vela’ casi perfecta una vez alcanza la velocidad programada… siempre y cuando, claro, el terreno acompañe -es decir, que sea llano-.

El asistente de mantenimiento de carril se activa desde un botón en el volante. Por defecto, ejerce también una función de permanencia en el centro, para la cual reduce la velocidad si ‘cree’ que entras en la curva con exceso de velocidad. Y, al igual que en otros productos del consorcio británico, el apoyo que ofrece a la trazada no es en absoluto intrusivo.

Pantalla de ADAS en el Jaguar I-Pace

Seguimos con la ‘capacidad’ sensorial. El Jaguar I-Pace incorpora sensores de proximidad en todo su contorno, los cuales presentan un ‘campo de acción’ bastante próximo al suelo -algo que se agradece, sobre todo al equipar la suspensión activa opcional de altura variable-. La calibración es buena, quedando -en la posición de pitido continuo- todavía unos 10 cm antes del obstáculo. Todo ello los convierte en una ayuda fundamental para tomarle rápidamente ‘las medidas’ al coche.

Figuran, como acompañamiento de los anteriores, una representación virtual cenital en 360º -con una calidad gráfica inmejorable- y una cámara de visión trasera. Ésta posee una calidad de imagen magnífica, junto a un amplio campo de visión. Incluso, como curiosidad, ofrece un botón que lanza un chorro de agua a la lente, en el caso de que encuentres suciedad en la imagen.

Por su parte, los detectores de ángulo muerto parecen presentar un radio de captación adecuado, advirtiendo también la presencia del otro vehículo con antelación suficiente. Quizás el único defecto achacable sea que, en ocasiones, el testigo luminoso -localizado en los retrovisores- resulta poco llamativo.

Vista virtual 360º del Jaguar I-Pace

En relación con este último, el detector de tráfico cruzado posterior es todo un ‘salvavidas’. Lanza su aviso con suficiente anticipación como para no asustarte ni agobiarte, lo cual se agradece en las maniobras ‘comprometidas’. La señal acústica recibe el refuerzo de un ‘plip’ en rojo que, sobre la pantalla de la cámara trasera, te advierte de la dirección por la cual el otro vehículo se está aproximando. Asimismo, mientras el sistema considere que aquél se encuentra cerca, no te permitirá iniciar la maniobra, parándola al instante en el caso de que dicho ‘intruso’ aparezca repentinamente.

Terminamos hablando del retrovisor digital ClearSight. A nuestro juicio, este extra opcional no nos parece aquí tan contingente como, por ejemplo, en el Land Rover Defender. De cualquier manera, la visibilidad de la luneta posterior -relativamente reducida, a causa de su gran inclinación- puede invitar a más de uno -y de dos- a utilizarlo. Eso sí, ya te avisamos que existe un cierto ‘choc’ entre la vista virtual y el momento de volver a posar los ojos en el parabrisas.

Confort, Conectividad y Multimedia: sobradamente servido

Afortunadamente, todo lo futurista del exterior y la mecánica desaparece al acceder al habitáculo del Jaguar I-Pace. Y sí, decimos ‘afortunadamente’ pues, mientras sus competidores ‘meten miedo’ con cabinas asépticas y volantes imposibles, la marca británica ‘arropa’ a la clientela más conservadora con un interior en la línea de sus modelos de combustión, tanto por diseño como por su elevada calidad.

Interior del Jaguar I-Pace

Una decisión acertada, salvo por un matiz: en un modelo de este nivel de precio -y acabado-, el ajuste de la columna de dirección quizá debería ser eléctrico en lugar de mecánico.

En un momento en que la calidad del aire en los espacios cerrados es un valor al alza, contar con un medio para purificarlo en el coche se vuelve un ‘must’. Como opción, nuestro I-Pace equipaba un potente ionizador capaz de capturar y eliminar partículas y microorganismos muy pequeños. Además, el aroma resultante es muy agradable tanto al olfato como a los pulmones.

Navegación en el Jaguar I-Pace

Dado que nuestro Jaguar I-Pace pertenece a la actual revisión del modelo, hemos podido reencontrarnos con el sistema multimedia Pivi Pro. Lo alberga una pantalla panorámica de diez pulgadas, perfectamente integrada en el salpicadero y con una calidad gráfica difícil de mejorar. También es ya costumbre su gran tacto y rapidez de reacción, fruto de su doble módem 4G. Gracias a él, mientras una de las líneas se destina a los servicios conectados, la otra queda en exclusiva para la gestión de las actualizaciones a través del protocolo ‘over the air’.

Si quieres buscar diferencias con respecto a los Jaguar o Land Rover de combustión, deberás posar la lupa sobre algunas funciones específicas. Por ejemplo, el navegador puede mostrarte los puntos de recarga más cercanos -o aquellos que forman parte de tu ruta-. Asimismo, cuentas también con un calificador ‘eco’ y un submenú -con varias páginas- cargado de consejos de conducción sostenible.

Sistema de audio Meridian Surround en el Jaguar I-Pace

Terminamos, cómo no, hablando de placer sonoro. De serie, el acabado HSE del Jaguar I-Pace disfruta del equipo de audio firmado por Meridian. Dotado con 11 altavoces -más ‘subwoofer’- y un amplificador con 380 vatios de potencia, emplea varias tecnologías de cancelación activa de ruido y procesamiento digital de señales. Con ellas consigue un sonido prácticamente cristalino que, si bien resulta algo ‘plano’ para quien no utilice el ecualizador, se vuelve sumamente ‘envolvente’ al hacer un uso intensivo del mismo.

VALORACIONES
CONECTIVIDAD
9.5
ASISTENTES A LA CONDUCCIÓN
8.5
TECNOLOGÍAS DE CONFORT
8.5
TECNOLOGÍAS DE ENTRETENIMIENTO
8
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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