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¿Hay que dejar que los drones vuelen libres?

Los dispositivos aéreos de vuelo autónomo están enfrentando las mismas cuestiones que surgen con los coches sin conductor. ¿Cómo operan estos drones? ¿Es la regulación vigente acorde a sus avances?

drones libre
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En el momento de replantearse el futuro de los drones de vuelo libre programado, la clave se encuentra en el pragmatismo. Resulta inútil desarrollar tecnologías que luzcan bien pero sean ineficientes.

El objetivo debe ser innovar con la idea de que el producto final sea funcional desde el primer día. Por ello, se hace necesario trabajar desde el principio de los proyectos con las autoridades que regulan estas prácticas. Si se fabrica un dron que no va a poder volar, será un esfuerzo en vano.

El mejor ejemplo de esta ética de trabajo es Remote ID, un programa de telemetría y trackeo de dispositivos aéreos. Es decir, que da acceso a programar el vuelo de estos sin importar la distancia. Este es propiedad de Kittyhawk, una de las compañías destinadas a aclarar el futuro próximo del vuelo autónomo.

El programa ya es utilizado por algunos negocios, gobiernos y cuerpos de seguridad. Se basa en ofrecer datos en tiempo real de la forma más pura posible. Nada de iconos ni interfaces, solo datos sencillos de leer.

Todos los principios que sigue la compañía están referidos a la utilidad inmediata. Es por ello que, pese a que su programa solo tiene dos años, ya ha sido aceptado por aeropuertos estadounidenses de importantes ciudades.

Una vez demostrada su eficacia, la compañía propone una serie de planes de regulación a llevar a cabo para 2021. La primera tiene que ver con la implicación del fabricante original. Es decir, del productor del hardware.

¿Quien debe tener el control?

Para Kittyhawk los fabricantes de piezas o dispositivos no deberían formar parte del proceso de decisión. La misión de los drones y otros objetos aéreos es confiar en las ordenes que reciben. Ya sean humanas o no. Que algo tenga la capacidad de causar daños con un uso incorrecto, no significa que sus capacidades tengan que verse recortadas de fábrica para buscar una mayor seguridad.

Remote ID tiene que lidiar con limitaciones innecesarias en el hardware que requiere esta tecnología. La solución no pasa por dar un mayor poder a los fabricantes, sino todo lo contrario. Desde la compañía se recomienda que toda la responsabilidad recaiga sobre el Piloto Remoto al Mando -RPIC por sus siglas en inglés-. Evitando así cualquier traba que pueda suponer las especificaciones de los fabricantes.

La segunda tiene que ver con la concesión de permisos en tiempo real. La propuesta sugiere parámetros específicos para diferentes tipos de naves en diferentes situaciones de vuelo. Aunque suena más sencillo de lo que realmente es. Para alcanzar el objetivo de conceder permisos y aplicar regulaciones en tiempo real, Remote ID debe contar con una base de datos muy amplia.

El objetivo final debería ser llegar a una clasificación basada en el volumen de las naves que operen con el programa. Así, se daría pie a una dinámica de comunicación sin fricciones entre los drones y los responsables de autorizar su vuelo libre automáticamente.

Finalmente, la idea de Kittyhawk es que Remote ID cuente con los permisos y la información necesaria para actuar por cuenta propia. Es decir, que los permisos de vuelo en tiempo real sean concedidos por el mismo sistema.

¿Son los gobiernos un obstáculo?

La tercera medida sugerida busca que otros sistemas de vuelo utilicen información recabada en tiempo real por dispositivos que funcionen con Remote ID. La difusión pública de estos datos encuentra trabas en la legislación.

La aplicación de leyes no sigue el ritmo que marca la innovación tecnológica. Que los parámetros de vuelo puedan ser utilizados por cualquier dron, avión u otros es crucial para que el vuelo remoto programado sea libre y seguro.

Solucionar esta incapacidad pasa por reducir la cantidad de datos que se comparten con los controladores aéreos. El cumplimiento de la ley tendría que estar basado únicamente en poseer una licencia de vuelo. Algo que todavía no se contempla desde las administraciones.

La conclusión que se saca desde Kittyhawk es que es necesario que la regulación de los vuelos autónomos la determinen los actores implicados en este sector. Si las leyes impuestas vienen de fuentes externas, el desarrollo de los drones de vuelo libre estará comprometido.

*Artículo originalmente escrito por Jon Heagrans, cofundador de Kittyhawk, en TechCrunch

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