Movilidad

¿Hacia dónde va el patinete eléctrico?

El patinete eléctrico ya lleva unos años en las calles. Aunque sea una alternativa real de movilidad sostenible, todavía sigue siendo un sector lleno de dudas. ¿Cuál es la situación actual de este medio de transporte? ¿Qué le espera?

dos niños montando en patinete eléctrico
Photo by Brett Sayles from Pexels

El patinete eléctrico es una de las alternativas de movilidad que más ha calado en los últimos años. Su popularización como forma de transporte urbana responde a las preguntas habituales. Disminución de emisiones, poca ocupación espacial, poco ruido. Todo son características que encajan perfectamente en algunas de las problemáticas que enfrenta el transporte en ciudades.

No solo eso, sino que siendo la evolución de un medio de transporte amable como el patinete, la población joven lo abrazó desde el primer momento. Su crecimiento como vehículo particular provocó que las compañías del sector de la movilidad viesen una oportunidad con ellos.

Hoy en día forma parte de la llamada nueva movilidad compartida, donde se encuentran también el car sharing, la bici eléctrica o la moto eléctrica. Todo servicios de alquiler.

De hecho, en los últimos meses ha sufrido su gran auge en cuanto a desarrollo tecnológico e inversión. Muchas startups han lanzado sus planes en lo que va de año. Entre las más recientes en dar el salto están Bird, o Spin.

La primera se ha situado como la principal alternativa en el mercado alemán adquiriendo a Circ, su gran rival. Por su parte, Spin ha unido fuerzas con Ford para formar parte de sus planes de movilidad a corto plazo.

Mercado voraz

Sin embargo, la competitividad inicial también ha provocado un panorama de difícil subsistencia. Hace un tiempo era normal que en una misma calle del centro de una ciudad hubiese tres servicios de scooter distintos. Una situación insostenible.

Solo hay que fijarse en Lime, la mayor compañía de patinetes eléctricos compartidos del mundo. La empresa ha tenido que prescindir del 14% de sus trabajadores y dejar de operar en 12 ciudades estadounidenses. La entrada al sector de gigantes como Uber hace que la competencia sea muy elevada.

Pese a todo, el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico del sector no han ido acompañados de una regulación acorde. Los departamentos de transporte no terminan de estar de acuerdo en la implementación de este tipo de movilidad. Por ejemplo, en Nueva York está prohibido el uso tanto de patinete eléctrico como las bicicletas homónimas.

El patinete eléctrico en España

El panorama particular de España no es muy diferente. Tomando el ejemplo de Madrid, en 2019 el ayuntamiento repartió 10.000 licencias a las marcas para 9.855 vehículos disponibles en las calles de la capital. Estas pertenecían a 22 proveedores diferentes. Solo un año después los patinetes han descendido hasta los 4.821 y las empresas implicadas a 14 -Bird es la dominante actual-. Esto sirve como muestra de una competitividad insostenible en el sector. No había sitio para todos.

Siendo un medio de transporte que ya se ha asentado, hasta diciembre de 2019 la DGT no se ha pronunciado sobre su uso. Algunas comunidades autónomas habían intentado poner diques, pero en la mayoría de España estos vehículos estaban sin regular.

En la nota de la Dirección General de Tráfico se especifican algunas de las normativas a seguir por los usuarios de este transporte. Puntos como su prohibición de circulación por las aceras que, sorprendentemente, todavía no estaban en rigor de forma general.

El sector del patinete eléctrico, una vez pasada la fiebre inicial, entra en su etapa de estabilidad. Es innegable que formará parte del panorama de movilidad urbana en todas las grandes ciudades del mundo. Con la descongestión del mercado y la regulación de la normativa, se abre un periodo de madurez y avance para el scooter.

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