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Ferrari revive ‘su reunión’ más acelerada

Una mañana tranquila en la despejada gran ciudad. Un deportivo en tu puerta... y una prisa inaplazable por llegar a una cita. Así empieza una de las películas sobre coches más enigmáticas que existen.

Imagen de Claude Lelouch y Charles Leclerc con el Ferrari SF90 Stradale

Un domingo cualquiera, en 1976. Son las cinco y media de la mañana. Ya la luz baña París, pero la ciudad del Sena todavía parece dormida. Un hombre sale de su casa para reunirse con una mujer que lo espera en la otra punta de la capital. Tiene prisa… pero no le preocupa, porque también tiene un Ferrari. Las calles están aún vacías. Todavía pueden ser suyas.

Casi pegada al asfalto, la mirada del espectador se adentra en una montaña rusa de desfase automovilístico. Sin encomendarse a Dios o al cielo, el misterioso caballero se lanza a gran velocidad por la Avenue Foch, hacia la plaza de Charles de Gaulle. Hay pocos coches entre el tráfico, la mayoría permanecen estacionados.

Recorre a toda marcha los mismísimos Campos Elíseos, la Concorde y la zona de las Tullerías. Los semáforos son un adorno más para nuestro protagonista, mientras pasa como una exhalación por delante de la Ópera. Pigalle, Clichy, la Avenue Junot… Lugares eternos del París neoclásico que se estremecen al escuchar el diabólico pronunciamiento de la carburación Weber del 275 GTB.

Un cóctel, definitivamente, de riesgo, adrenalina y pasión prohibida que encuentra su final hacia la plaza del Tertre… y en los últimos peldaños de la escalinata que conduce a la Basílica del Sacré Coeur, donde la dama aguarda. Ocho minutos y medio de pura conducción -tan espirituosa como temeraria- que ya son un mito de las grabaciones clandestinas entre los fanáticos de los coches.

Ahora… con permiso

En su momento, apenas trascendieron los detalles de esta extraña -pero fascinante- filmación. El prisma del tiempo nos permite saber hoy que su autor se llama Claude Lelouch. Con el título de ‘Érase una reunión’, este cortometraje oculta bajo su manto provocador un origen muy ‘casero’.

Tanto, que fue el propio Lelouch el encargado de pilotar durante el rodaje el mentado ‘Ferrari’. Y lo entrecomillamos bien… porque, en realidad, el endemoniado vehículo que portaba la cámara era su Mercedes-Benz 450SEL 6.9 personal.

La magia del montaje sonoro permitió solapar el estruendo del bajo alemán con el ‘bel canto’ del mejor tenor de la Maranello de la época. Eso sí, el velocímetro llegó igualmente a marcar más de 200 km/h sobre el adoquinado parisino en este plano-secuencia de una sola toma.

Imagen del Ferrari SF90 Stradale frente al Casino de Monte Carlo

Ahora, la pandemia del coronavirus ha vuelto a dejar las calles vacías. Especialmente, las de Mónaco en los días en que debía haberse disputado su Gran Premio de Fórmula 1. Y, de nuevo, alguien ha visto la oportunidad para traer algo de color con una pequeña ‘rebeldía’.

En esta ocasión, ha sido la misma Ferrari la encargada de contactar con el veterano director para filmar un ‘remake’ en el Principado. Con el trazado cerrado como excusa, ya sólo faltaban dos elementos: el coche… y el ‘piloto-actor’. El primero de ellos es el SF90 Stradale, el novedoso ‘hipercoche’ que ha introducido la hibridación en la gama del ‘cavallino’… sin que ello haya apagado la clásica ‘voz’ de los motores italianos.

Primer plano de Charles Leclerc al volante del Ferrari SF90 Stradale

Junto a él, el piloto de la Scuderia Charles Leclerc pondrá sus manos para el pilotaje. Y, también, el protagonismo absoluto de su rostro, que únicamente verá interrumpido por un breve ‘cameo’ del Príncipe Alberto de Mónaco. Y es que, para que te dejen ‘jugar’ primero hay que rendir tributo al dueño de la cancha.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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