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El Mini más deportivo revive su mayor conquista

Para ser el centro de la atención en Mónaco, no necesitas pasear en un superdeportivo. Basta con tan sólo un pequeño Mini Cooper...

El Mini John Cooper Works cerca de Mónaco

Un casino, un espectacular puerto deportivo, varias iglesias, grandes bancos y hoteles… Y todo ello, encajonado entre las cornisas de la Costa Azul francesa. Así podría describirse -con trazo muy grueso- el Principado de Mónaco.

Además de su fiscalidad, este rincón de la vieja Europa está considerado como un paraíso por su espectacular entorno, compuesto por el benévolo clima mediterráneo y un aura cuasi milenaria de lujo y ‘glamour’. Y tiene, además, la ventaja de que no es únicamente atractivo en primavera y verano, sino todo el año.

Claro que, en enero, quienes acuden a Mónaco lo hacen por un motivo muy concreto: presenciar el mítico Rally de Monte Carlo. Esta prueba -que hoy abre el calendario del Mundial de Rallys– forma parte de la esencia de la especialidad. No en vano, sobre su helado asfalto comenzaría a cimentarse, en 1964, el arquetipo del rally moderno.

Tres ‘cajitas’ en el Turini

En aquella edición, parte del rutómetro se disputaría de noche por primera vez. Entre estas pasadas nocturnas figuraba -como sigue haciéndolo- el Col de Turini, el tramo más técnico y decisivo de la prueba.

Quien desee ganar este rally, no tendrá otra alternativa que lanzarse por él a altas horas de la madrugada -pues así lo marca el horario-, sin más ayuda que la de sus faros -así lo obliga la falta de iluminación- e inmerso en el peligroso juego de distinguir entre el escaso asfalto seco y los numerosos parches de ‘hielo negro’ que apenas se aprecian hasta que es demasiado tarde.

Los participantes eran, en buena medida, ‘amateurs’ atraídos por el prestigio de la carrera. Sus equipos y monturas -enormes cupés y sedanes como el Ford Falcon o los Mercedes SE- derivaban aún de la tradición de los antiguos ‘maratones de la ruta’. En sus retorcidos y deslizantes tramos, aquellas arcaicas bestias se ‘atragantaban’ sin darse cuenta de que su tiempo estaba a punto de finalizar.

La British Motor Company decidió -en una manera poco habitual entonces- inscribirse de manera oficial con tres Mini Cooper S. Su desembarco provocó no pocas risas en el ‘parc fermé’… que fueron atenuándose conforme transcurrieron los días. A los mandos Timo Mäkinen, Rauno Aaltonen y Paddy Hopkirk pusieron de manifiesto la genialidad de la idea de John Cooper: en cada descenso, en cada horquilla -y no hay pocas en este rally-, el pequeño tamaño y la ligereza de los Mini les proporcionaba varios segundos de ventaja sobre el resto de rivales. Al final del último tramo Hopkirk, con el número 37 en las puertas, se alzó con el triunfo para los suyos. Así comenzaría un ‘imperio’ que tuvo su repetición en 1965 y 1967. El rally como disciplina había cambiado, había madurado… y nunca volvería a ser lo mismo.

Un paseo triunfal

A día de hoy, ningún ingeniero discute la conveniencia de un automóvil pequeño y ligero para ser el más rápido en los tramos. Pero coches como el actual Mini John Cooper Works son igualmente buenos en el callejeo de ciudades como Mónaco.

El Mini John Cooper Works por las calles de Monaco

Recién bajado de las montañas, el actual Mini deportivo tuerce a la derecha en la esquina de Santa Devota, y sube por la cuesta en dirección al Casino. Hace calor pero no es incómodo, gracias a la climatización. Buscando ese hueco libre que se le resiste, baja por la cuesta siguiente hasta la famosa esquina de Loews, encaminándose hacia el túnel bajo el hotel Fairmont. Al salir de este último, las luces se apagan automáticamente y surgen ante el parabrisas los imponentes perfiles de los grandes yates atracados en el puerto.

Imagen del Mini John Cooper Works en el puerto de Monaco

Finalmente, el Park Assist logra encajar el Mini en un espacio cerca de la curva de La Rascasse, tal y como hizo en su día cierto campeón de la Fórmula 1. Espera… ¿Esto no iba de rallys? ¡Qué más da! La deportividad del pequeño británico admite toda clase de esencias ‘racing’. Después de todo, John Cooper se hizo famoso por sus creaciones en el ‘Gran Circo’…

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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