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El lado más bizarro de las pruebas de coches

Probar un coche que estás interesado en comprar es ya lo más normal del mundo. Lo que ya no es tan normal es el tipo de 'pruebas' que ciertos clientes intentan realizar.

Imagen de un Drive-Thru

Hay vidas que, por sencillas que parezcan contempladas desde fuera, merecen quedar por escrito. A ser posible, un libro de trabajada prosa, y firmado -cómo no- por su propio protagonista. Debería quedar algo así como una biografía repleta de anécdotas, a cada cual más apasionante.

Sólo haría falta un autor a la altura para triunfar con semejante ‘best seller’: alguien con experiencia en trabajos de cara al público. No cabe duda de que, en una jornada cualquiera en este tipo de empleos, el surrealismo hace acto de presencia con facilidad. Este fenómeno se amplifica cuanto más complejo es el producto a vender, lo cual coloca a los comerciales de automoción en el primer puesto entre los escribas modernos.

A día de hoy, su tarea no es nada sencilla. Ya no pueden limitarse a ‘despachar’ su género -como en tiempos pretéritos, donde te lo llevabas ‘como te hubiera tocado’- y desear un buen día o buena tarde. El cliente moderno quiere probar las máquinas de sus marcas. Sentirse uno con ellas… incluso, literalmente.

Una vuelta al estadio

En el momento de salir del concesionario para realizar la prueba, resulta que el responsable legal del coche -el comercial- en cuestión no puede sino limitarse a contemplar. Y, en esos cinco o diez minutos ‘mágicos’, contemplan y viven de todo, como bien recoge la web CarGurus. En su último sondeo, sus investigadores entrevistaron a un gran número de comerciales de todo el Reino Unido acerca de su experiencia más extraña o embarazosa en esta materia.

La disparidad de respuestas no admite casi resumen. Más que nada, por lo ilimitado de la imaginación -o el desparpajo- de muchos clientes. Como, por ejemplo, aquél que, terminado ya el recorrido de prueba, decidió parar en un ‘drive-in’ para tomar café.

Otros fueron aún más lejos, llegando a aparcar frente a su hipermercado o lavandería de confianza para realizar la compra o los recados de la semana. Tampoco se queda muy lejos el cliente que, preocupado por saber si su modelo elegido entraría en su plaza de aparcamiento, llevó la unidad de demostración directamente a casa para tomar medidas. Aquí nuestras dudas crecen ya en ambos sentidos, pues desconocemos cómo los sufridos comerciales permitieron semejantes abusos de confianza…

A todo esto, algunos de ellos aprovecharon para realizar preguntas trascendentales… tales como pedir que les aclarasen -mientras conducían- dónde estaba el pedal del freno.

Sin embargo, los investigadores -y nosotros también- le concedemos ‘la palma’ a esta última historia, pues es puro sufrimiento. Se dice, se comenta, que un comercial de Manchester -fan confeso del Liverpool FC- acompañó a un cliente igualmente ‘futbolero’. Con una salvedad: era hincha del rival Manchester United. Y, para más inri, se tomó la libertad de dar con el coche varias vueltas a la manzana donde se ubica el estadio de Old Trafford, hogar de los ‘Red Devils’.

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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