Concepts y prototipos

Ecurie Ecosse LM69: un pedazo de “historia-ficción”

“¿Qué hubiera pasado si…?” es una pregunta de las más recurrentes. Ahora, aplícala al mundo de las carreras… Reimaginar el pasado puede ser divertido, tal y como lo han hecho estos escoceses.

Imagen frontal del Ecurie Ecosse LM69

Entre los eruditos -y alguno que no lo es tanto- existe un pequeño vicio, el de jugar a plantearse una versión de la Historia… que nunca sucedió. Es fácil preguntarse qué consecuencias hubiese tenido un acontecimiento si éste hubiera sucedido de otra manera. Por ejemplo, ¿qué hubiera sucedido en la Segunda Guerra Mundial si el Desembarco de Normandía hubiese fracasado?

Lo difícil en este juego es, sin duda, responder a la pregunta. Y si no, que se lo digan a los de Ecurie Cars. Aunque, en su caso, está claro que lo llevaron todo lo lejos que buenamente pudieron…

El coche de ninguna época

El vehículo que ilustra esta página se llama Ecurie Ecosse LM69. Y su “gracia” -por así decirlo- es que está basado en el Jaguar XJ13, un prototipo desarrollado para las 24 Horas de Le Mans de 1966. Por aquel entonces, la firma del felino coqueteaba con la idea de entrometerse en la gran batalla del momento, el duelo sin cuartel entre el Ferrari 330 P4 y el Ford GT40.

Tal vez los británicos tenían buenas razones para ello: habían dominado a placer en la década anterior con sus XK y Tipo D. Pero, con la Historia en la mano, no cuesta colegir que la maniobra hubiese sido -a casi todas luces- un suicidio deportivo.

Y es que, no en vano, La Sarthe en esos años era un cóctel explosivo de egos. Dan Gurney contra Mike Parkes. El genio ‘yankee’ de Carroll Shelby frente a la ‘tradizione’ italiana. Y, por encima de todos, las impenetrables gafas de Enzo Ferrari haciendo horas extras para repeler el brillo de ‘Big’ Lee Iacocca desde su portada de ‘Time’.

¿Cómo sumar semejantes cantidades de testosterona de tal manera que, al final, ganase un inglés? Imposible. No había hueco para las flechas verdes. Así que aquel proyecto se abandonó para siempre…

O, al menos, hasta que Ecurie Cars lo ha rescatado en nuestros días. Lo cierto es que tal vez sea el coche más alejado de nuestros gustos de cuantos han pasado por esta sección. Pero es que es muy difícil resistirse a este muestrario de la tecnología ‘racing’ sesentera.

Vista frontal del Ecurie Ecosse LM69

Empezando por el chasis multitubular, que forma un verdadero ‘nido’ de cañerías en torno al piloto y su acompañante. Como refuerzos, incorpora placas de aluminio en puntos críticos como el piso, el espacio entre los asientos y el motor o la cobertura del tanque de combustible. Este concepto perseguía, ante todo, un bajo peso para facilitar el paso por curva y una buena aceleración.

Llegamos al plato fuerte, el motor. Éste es un V12 de cinco litros de cubicaje -el máximo permitido entonces en los Sport Prototipos- y con una potencia similar a sus coetáneos, entre los 450 CV y los 500 CV. Su colocación en el centro del coche –justo por detrás de los ‘baquets’- lograba una distribución de las masas perfectamente equilibrada.

Por último, la carrocería es la única concesión a la modernidad que se han permitido sus creadores, ya que emplea materiales ultraligeros actuales para enfatizar -aún más- su relación peso-potencia.

Eso sí, la aerodinámica conserva el ‘sabor Jaguar’ de su tiempo: curvas imposibles carenando las ruedas, un fondo cóncavo para aprovechar el paso del aire y esos aletines que -en una situación delicada- podían marcar la diferencia entre el champán del podio y el suero del hospital. Como no podía ser de otra manera.

Detalle posterior del Ecurie Ecosse LM69

Te preguntarás “¿y ya que no puede correr, cuál es el plan de esta marca?” Según hemos podido conocer, Ecurie pretende fabricar tan sólo 25 unidades de este modelo, ofreciendo diversas opciones -¿carburador o inyectores?- para hacerlo más o menos fiel a la época. Y, aunque no lo creas, está homologado para circular por el Reino Unido.

Una historia de caballeros

Como curiosidad final, Ecurie Cars debe su nombre a la conocida Ecurie Ecosse. En contra de lo que su afrancesado nombre pudiera sugerir, este mítico equipo privado -compuesto siempre por ‘gentleman drivers’- tiene raíces escocesas. Alcanzaron la gloria en Le Mans por dos años consecutivos, 1956 y 1957. Y en ambas citas sus Tipo D lucían orgullosos una pintura azul -de tonalidad muy similar al pabellón de las ‘Highlands’– con detalles en blanco, en señal de orgullo patrio.

Con este origen, no es de extrañar que sus herederos se hayan animado a realizar este ‘revival’ de lo que -como clientes preferentes de Jaguar- hubiera podido ser… y nunca fue. Si la teoría de los multiversos es cierta, en alguno de ellos este coche llegó a crear un imperio con sus triunfos. Es una lástima que tal universo… no sea el nuestro.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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