Movilidad

¿Sabes cómo cuidar un vehículo eléctrico?

Con los planes anticontaminación el mundo automovilístico se dirige hacia la electrificación, y sus nuevos coches no son tan complejos.

Recarga de coche eléctrico

Las ventas del nuevo tipo de vehículo son hoy modestas en España, pero con una clara tendencia hacia su completa implantación, comenzando por la necesidad de abandonar los combustibles fósiles por parte de los fabricantes, siguiendo los planes de sostenibilidad de las economías mundiales. Así, con la alta probabilidad de que predominen ya durante la próxima década, se debe analizar todo sobre su mantenimiento, por qué serán más económicos que los de motor térmico y cómo cuidarlos.

Empezar por el principio, el motor

Su complejidad es notablemente menor a la del motor tradicional, implicando un 60% menos de piezas en su mecanismo -entre las eliminadas se encuentran las que se desgastan más y necesitan ser cambiadas con frecuencia- al descartar componentes que se exponen a fricción o a grandes cambios de temperatura, entre otros. Destaca el hecho de que el motor eléctrico no necesita cambiar el filtro de aire ni el aceite, y tampoco cuenta con correa de distribución o caja de cambios -esto último elimina el embrague y variados costes que derivan del mantenimiento mecánico-. Es más, la mayoría son motores síncronos de imanes permanentes, bastantes sencillos y requiriendo simples inspecciones visuales.

¿Dónde está entonces el trabajo para el dueño del coche eléctrico? Como su propio nombre indica sus componentes funcionan a través de la electricidad, por lo que es crucial revisar su aislamiento eléctrico, tanto en piezas como en cables. Los aparatos de diagnosis para ello son especiales y el experto debe estar más protegido que frente al motor tradicional, requiriendo mayores inversiones por parte del servicio de postventa. Sin embargo ello se suele amortizar a corto plazo y sin suponer grandes añadidos en la factura del comprador.

Se debe destacar también la batería, su componente estrella, y cuyo precio de adquisición supera los 6.000 euros. Es por ello que los fabricantes suelen ofrecer al cliente las que tienen la misma vida útil que el propio automóvil, pero esto siempre dependerá de su cuidado y su correcto uso. Curiosamente, los mencionados aparatos de diagnosis representan el estado de salud de la batería como si de un móvil se tratase, a través de un porcentaje. La convencional 12V, sin embargo, debe ser cambiada como en cualquier otro vehículo.

El grueso de neumáticos, amortiguadores y frenos

Entran en el juego los líquidos y filtros. Con respecto a los primeros ya se ha puntualizado que el cambio de aceite para lubricar tanta pieza no está disponible en caso del motor eléctrico, pero ello no quita la existencia y el necesario mantenimiento de algunos otros. El refrigerante sigue actuando de igual forma y también en la batería, debiendo ser sustituido cada decenio. Poco se debe decir sobre el que va con los limpiaparabrisas, también para reponer cuando sea necesario. En filtros desaparecen el de combustible y el de aire, pero está presente el del habitáculo -limpia partículas de aire que entran desde fuera del automóvil, por lo que funciona de la misma manera que en el coche de combustión- y este debe ser repuesto.

Si se pasa a los neumáticos sucede lo mismo que con cualquier tipo de coche: factores como el tipo de conducción, la temperatura y el tipo de asfalto son los usuales condicionantes para su mantenimiento. Pero hay que saber que de media se gastan algo más que los tradicionales, pues por la forma de su entrega ejercen un desgaste más intenso. Por tanto, ante igualdad de uso el neumático se repondrá con mayor asiduidad en coches eléctricos. Los amortiguadores sufren también un mayor peso en los nuevos coches, y también deben reponerse más de seguido al sufrir más el tren de rodaje del vehículo. Una revisión de sus componentes cada 20.000 kilómetros aproximadamente sería lo adecuado.

Finalmente entran en escena los frenos, y aquí sí aguantan más que en el coche tradicional. El sistema tiene un mayor nivel de detención y no se requiere un uso tan continuo del pedal de freno. El motivo es que muchos modelos de vehículos eléctricos utilizan precisamente la conducción de un pedal y esto incluye una mayor retención al levantar el pie del acelerador. Además, discos y pastillas de freno se desgastan menos -una vez más también depende del tipo de conducción que se realice habitualmente-, pero sus líquidos deben reponerse cada dos años, de la misma manera que con los de combustión.

El precio de su cuidado y mantenimiento

Tras haber sido explicado el funcionamiento, una de las conclusiones a las que puede llegar el lector es que en general es más barato mantener el coche eléctrico, y esto es cierto. Un mantenimiento más simple -sobre todo con un motor mucho más sencillo- se traduce en menores gastos, y aunque hoy todavía se deben calificar como automóviles «emergentes» y los datos no son extensos, se pueden situar los costes entre 100 y 150 euros anuales -casi la mitad que con el coche tradicional- pero eso sí, sin incluir algunos componentes ya mencionados como neumáticos o amortiguadores. Igualmente el balance general es positivo, y se sabrá más de ello con el avance del vehículo eléctrico a nivel mundial.

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