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Confirmado: Trump prefiere seguir quemando gasolina

El presidente de los Estados Unidos ha decidido renunciar a las restricciones combustibles que estipuló Obama. ¿Qué impacto tendrá esto en el medio ambiente? ¿Qué dicen las fabricantes?

Trump combustible
Imagen de Quinn Kampschroer en Pixabay

Ya es oficial, Trump ha decidido dar pie a una economía que incentiva el uso de combustible fósil. Que el actual presidente de los Estados Unidos es una persona que muchas veces va a contracorriente es algo ya conocido. Sin embargo, esta decisión sorprende porque parece que el sector del automóvil se dirige en otra dirección totalmente contraria.

El cambio de rumbo recupera el panorama energético previo a la legislación de Obama. Las consecuencias previstas son un gran aumento en las emisiones hasta 2026, año que marca el horizonte de este nuevo plan. Resulta aún más llamativo en el contexto de una crisis sanitaria que afecta concretamente al aparato respiratorio.

La desregulación permite a las fabricantes de automóviles un incremento del 1,6% al año en sus emisiones de gases. Aunque pueda parecer una cifra baja, la traducción es de muchos millones de toneladas de contaminación cada doce meses.

Cuando el río suena…

Era una idea que Trump perseguía desde el principio de su mandato, y es que la reducción de emisiones fue negociada por Obama aquel mismo 2016. Esta fue firmada junto con la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense -EPA-.

Estos últimos cuatro años han significado una reducción de quinientos millones de toneladas y más de 86.000 millones de dólares en costes de combustible. La ley no solo afectaba y afecta a los vehículos, sino a las fábricas donde estos se producen. Estas también han tenido que buscar maneras sostenibles de continuar con su actividad.

Dichas obligaciones, han obligado a la industria del motor a apostar por el desarrollo de alternativas energéticas. Los vehículos híbridos, eléctricos o autónomos han dado unos cuantos pasos adelante. Incluso se ha dado pie a vías más originales como el hidrógeno o la energía solar.

Incluso las marcas más tradicionales como General Motors, Ford o Volkswagen han apostado por este camino. Por no hablar del crecimiento de proyectos como Tesla, Waymo o Rivian. Son sobre todo estas últimas compañías las que han criticado duramente los planes energéticos de Trump.

La voz cantante de estas protestas la lleva el estado de California, cuna de todas estas startups que llevan la delantera en el desarrollo del coche eléctrico y autónomo. Xavier Becerra, abogado del estado, ha declarado que “supone una gran amenaza para nuestros estándares de sanidad y seguridad”.

El argumento de la administración Trump contestando a estas críticas no se ha hecho esperar. El gobierno ha defendido estas medidas diciendo que cuanto más sostenible es la industria, también es más cara. Esto habrá empujado a la gente a comprar coches de segunda mano o manteniendo los que ya tiene, lo cual supone un impacto económico para las venta de vehículos.

Muchos especialistas estadounidenses en sostenibilidad y automoción han tachado la excusa como un sinsentido. Sobre todo porque en ella se omite el detalle de que el incremento de precios se debe a las tendencias del mercado.

Estos expertos también apuntan a que, en el largo plazo, los vehículos que más combustible consumen son más caros a la larga. Algunos análisis prevén un aumento de más de dólar y medio por cada cuatro litros.

Dos bandos muy marcados

Durante los últimos meses en los que se ha estado gestando, esta decisión ha creado cierto posicionamiento y disputa entre las marcas. Volkswagen, Ford, Honda y BMW se han puesto en el bando californiano, incluso a través de acuerdos oficiales. Mientras, General Motors, Toyota y Fiat Chrysler han mostrado apoyo público a la administración.

Lo que se abre ahora es un escenario donde las fabricantes tienen el balón en su tejado. Ceñirse a los nuevos límites podría significar dar pasos atrás en los proyectos iniciados recientemente por muchas. Está claro que la “nueva” legislación va a significar un aumento significativo en las emisiones. Pero lo que sería una verdadera pérdida sería que frenase el avance de las tecnologías sostenibles.

*Artículo originalmente escrito por Sean O’Kane para The Verge.

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