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Christian von Koenigsegg: la perfección como forma de vida

¿Si de verdad pudieras construir el coche de tus sueños... te lanzarías a hacerlo realidad? Con tan sencilla premisa, el excéntrico von Koenigsegg ha logrado crear una raza superior de vehículos: los 'hipercoches'.

Imagen de Christian von Koenigsegg

Sueños relacionados con coches hay muchos… y muy variados. El más típico es el de poder disfrutar -sin cortapisas legales ni morales- de los mejores automóviles del planeta. Pero, a muy corta distancia, siempre le sigue aquél que ha dado lugar a tantos grandes personajes -y emblemas- de la automoción: el sueño de construir tus propios vehículos.

Los historiadores de nuestra especialidad suelen considerar que no existe hombre –o mujer– con tales ambiciones en el panorama actual. Y se equivocan. Para Christian von Koenigsegg (Estocolmo, 1972), compartir con el mundo su visión de los superdeportivos es el ‘leit-motiv’ de su vida.

Con apenas cinco años, vio cómo un personaje de animación -de una popular película infantil nórdica- construía un coche ‘desde cero’ para ganar una gran carrera. Una chispa de fantasía que prendió toda una hoguera en su interior. «Yo también quiero hacerlo», pensó. Y guardó celosamente aquel pensamiento -junto a miles de bocetos- a la espera del momento ideal.

Tal momento llegó cuando, recién cumplidos los veinte, decidió poner en marcha diferentes iniciativas de negocio. Todas ellas poseían un objetivo común: reunir el dinero suficiente para su primer coche. Evidentemente, uno que construiría él mismo bajo su propia marca.

90s: Nace el sueño

Tras mil y una ‘piruetas’ económicas, el joven Christian funda Koenigsegg Automotive en agosto de 1994. Sintiéndose inspirado por leyendas como Ettore Bugatti o Enzo Ferrari -y por su propio ‘rancio abolengo’-, utiliza su mismo apellido como denominación comercial. Y, no contento aún, ‘retoca’ su escudo heráldico, convirtiéndolo en la insignia que presidirá sus creaciones.

Tan pronto como la empresa se consolida, el alocado sueco se ‘encierra’ en su taller para dedicarse a lo que realmente desea. Empieza por un generoso motor V8, ubicado -en posición longitudinal- en la parte posterior de una barquilla de fibra de carbono. Casi ‘excavado’ en esta última, un escueto habitáculo ofrece cobijo a dos tripulantes.

Imagen del prototipo Koenigsegg CC

Así surge, en ‘trazo grueso’, el primigenio Koenigsegg CC. Por fin, después de dos años de duro trabajo, el coche que habitaba en su cabeza es ya una realidad con matrícula propia. Este desenlace no fue sino el principio del siguiente paso: mostrarlo ante el mundo.

Es entonces cuando la mentalidad empresarial de Koenigsegg vuelve a tomar protagonismo. En 1997, se ‘deja caer’ con su CC por el Festival del Cine de Cannes. Y, curiosamente, logra cautivar a un buen número de adineradas personalidades. Algo extremadamente difícil para la época, pues los coches desconocidos solían tomarse por ‘engendros’ fruto de la cultura ‘tuning’.

2000s: El sueño evoluciona

A las puertas del nuevo milenio, nuestro amigo atrae la atención del universo automotriz. Reputados periodistas, ingenieros y ‘test drivers’ entran en contacto con él y su proyecto. Y -como hábil caballero- plasmará todas sus aportaciones en el CC8S, ya en 2003.

Imagen promocional del Koenigsegg CC8S

Casi tan ancho como largo, y extremadamente plano -sus eternas ‘líneas maestras’ de diseño-, fue el modelo que marcó su comienzo como constructor ‘en serio’. De sus instalaciones en Angelholm salieron un puñado de ejemplares, ensamblados hasta el último tornillo por un reducido -que no modesto- equipo técnico.

Precisamente, la antigua pista de aterrizaje del recinto -utilizada como trazado de pruebas- anima al constructor nórdico a participar en la gran guerra de la velocidad. Los 390 km/h del CC8S dieron pronto paso a los más de 400 km/h del CCXR, la última -y definitiva- evolución del concepto original. En poco más de una década tras su fundación, Koenigsegg ya formaba parte de los ‘fabricantes de sueños’ junto a nombres tan insignes como Ferrari, McLaren o Bugatti.

Eso sí, no sin sufrimiento. Dicen que ningún plan resiste al primer combate y, en el caso de la firma sueca, la máxima se cumplió cuando uno de sus CCX se accidentó en el conocido programa ‘Top Gear’.

Sin dar pie a una crisis de reputación, en cuestión de meses los ingenieros desarrollaron un alerón posterior para remediar la falta de carga aerodinámica. La solución funcionó al instante, y el CCX mantuvo por mucho tiempo el récord de la peculiar pista de pruebas del ‘show’ televisivo británico.

2010s: El sueño se adapta

En 2010, el Agera abre la nueva década… y cierra el círculo del sueño de Koenigsegg. Se trata de un ‘hipercoche’ -el mismo término se crea ‘ad hoc’, a falta de otro mejor- desarrollado y construido íntegramente ‘in house’. No en vano, la marca lleva ya varios años sin requerir la ayuda de proveedores externos para elementos como -por ejemplo- el motor.

El Agera también representa lo que hará este fabricante a partir de ahora: liderar su elitista segmento en materia de tecnología. Más allá de la consabida barquilla, la fibra de carbono ya alcanza todos los rincones del coche: las llantas, los brazos de la suspensión, la estructura que sirve de ‘cuna’ al propulsor…

Imagen tres cuartos frontal del Koenigsegg Regera
Imagen frontal del Koeniggsegg Gemera

No obstante, los Regera y Gemera son los auténticos ‘puntos de inflexión’ de su trayectoria reciente. El primero, por ser -con sus más de 1.500 CV- el híbrido enchufable más rápido del planeta. Y el segundo, por romper una barrera histórica de la marca con su habitáculo para cuatro personas.

Claro que, para lograr este último objetivo, fue necesario ‘reducir’ su planta motriz a un revolucionario bloque tricilíndrico cuyas prestaciones -1.100 CV en total- no tienen parangón hasta la fecha. En definitiva, una ‘genialidad’ muy propia de alguien como Koenigsegg, acostumbrado a buscar constantemente la mejor versión de sus sueños.

Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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