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Bentley ‘resucita’ su pieza más singular

Para una marca generalista, perder un trozo de su historia es un duro golpe. Pero si se trata de un Bentley, es una tragedia. Aunque todo tiene arreglo...

Imagen frontal del Bentley Corniche

Es un hecho comprobado mil y una veces: cuanto más exclusiva es una marca, más modelos únicos tiene en su historial. En el caso que hoy nos ocupa, Bentley siempre ha tenido gran fama por sus ‘one-offs’ -la expresión inglesa que los denomina-, esos modelos que surgieron de un encargo particular, con características muy especiales… Entre ellas, la de no tener réplica.

Sin embargo, vehículos así son un arma de doble filo. Por un lado suponen una gran fuente de prestigio para la firma británica. Pero ¿qué ocurre cuando algo se les estropea? O, aún peor, ¿qué sucedería si se perdiera el coche entero?

Por desgracia esto último fue lo que ocurrió con el Corniche, uno de los modelos con más ‘mala pata’ de cuantos han salido de Crewe. Surgido a finales de los años treinta como prototipo, se trataba de un sedán de cuatro puertas que iba a revolucionar el mercado de entonces.

Pero todo se torció cuando se mandó a Francia para una serie de tests en carretera abierta. Un chófer de la marca lo estrelló -con vuelco incluido- contra un árbol, en su camino al centro de pruebas. Como necesitaban repararlo con presteza para exponerlo en algunos salones del automóvil, decidieron dividir el trabajo en dos mitades.

El Bentley Corniche accidentado en 1939

De este modo, el chasis volvió al Reino Unido… pero la carrocería se quedó en una Francia que ya no conseguiría «apaciguar» el empuje de Adolf Hitler al otro lado de la Línea Maginot. Y, como remate, un fallo burocrático la dejó retenida en una Dieppe que acabaría arrasada por las bombas de la Luftwaffe en 1940.

Y así fue como el maravilloso Corniche quedó reducido a una plataforma vacía durante mucho, mucho tiempo…

Mezclando tecnología y tradición

Estaba claro que la firma británica no podía permitirse, en conciencia, celebrar su ‘centenariazo’ sin una de sus piezas más preciadas. Así que su equipo más especial -el inefable Mulliner– se puso al servicio del pequeño -y lento- proyecto privado que ya inició el proceso de restauración a principios de los 2000.

Imagen posterior del Bentley Corniche

Con la entrada de la marca, el trabajo se volvió tan meteórico como meticuloso. El primer paso consistió -evidentemente- en recuperar la carrocería de aluminio, para lo cual los descendientes del diseñador George Paulin aportaron los dibujos y planos originales. Con ellos los especialistas ya pudieron ‘darle cuerpo’ de nuevo al modelo. Eso sí, antes tuvieron que recrear el armazón de madera de fresno -gran tradición de los coches ingleses- que la sujetaba.

Para el acabado final contaron -además- con la colaboración de los ensambladores del actual Mulsanne, ya que son expertos en trabajar la chapa ‘a mano’. En cuanto al tono de la pintura -Imperial Maroon con detalles en Heather Grey-, debido a la falta de referencias precisas fueron necesarios varios intentos para lograr la fórmula correcta.

El interior no estuvo exento tampoco de complicaciones: fue necesario construir una cámara de vapor -a la antigua usanza- para curvar la madera destinada a los marcos interiores de las ventanillas. En cambio, los asientos pudieron ser digitalizados en CAD y -una vez reconstruidos- recibir el mismo cuero Connolly de su época.

Interior del Bentley Corniche

Los detalles requieren tiempo y, como muestra, un botón: sólo la parrilla delantera necesitó más de tres meses para realizarse desde cero. Y es que el mimo de los técnicos y aprendices de Mulliner se ha llevado hasta extremos como el de reproducir el ‘kit’ de herramientas que Bentley obsequiaba entonces a los propietarios.

Ahora que este ‘eslabón perdido’ se ha completado, el Corniche retomará su agenda de salones y exposiciones. Eso sí, ya no como novedad, sino como otra más de las legendarias piezas de la marca. No está mal como destino: ya que tiene tanto ‘trabajo atrasado’, mejor que se lo tome con calma…

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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