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Así se despide a un héroe de la tecnología

Tras seis años fabricándose en los que no ha dejado de acumular éxitos, BMW ha puesto fin a la trayectoria de su primer modelo electrificado. Y lo ha hecho con una despedida a lo grande.

Imagen de los 18 Últimos BMW i8 en la línea de producción

Carbono. Miles y miles de minúsculas fibras de carbono, entrelazadas unas con otras en una danza llena de armonía. Formando -trenza a trenza- paneles que, a su vez, se acoplan sobre una estructura de aluminio desnuda. ‘Vistiéndola’ con la pasión y el cariño de quien gusta de completar puzzles.

Así se construye -de forma poética- un BMW i8. Este singular deportivo rueda entre nosotros desde 2014, y -aparte de ser un pionero de su electrificación– representa el mayor ‘pensamiento lateral’ de la marca bávara en los últimos años.

No es para menos, si abres su capó trasero. Bajo él, tan sólo hacen falta tres cilindros, 1,5 litros de cubicaje y un turbocompresor para lograr 228 CV. Junto a este singular bloque, un propulsor eléctrico síncrono aporta 129 CV más… y unos consumos y emisiones impropios de un vehículo de su rango.

Pero tampoco es justo limitarse a la motorización. Los mayores aportes del i8 -hacia el resto de la gama- son, precisamente, sus tecnologías. Sin ir más lejos, introdujo la llave inteligente -de forma similar a un smartphone, pantalla incluida- que permite, además de abrir y cerrar, programar funciones como la calefacción.

También fue el primero en contar con ‘Virtual Cockpit’, que puedes personalizar para que te muestre sólo la información que quieres. Y, por último, no podemos olvidarnos del ‘Personal Assistant’, una IA embarcada capaz -entre otras cosas- de recomendarte lugares que pueden gustarte, basándose en tus costumbres y preferencias.

Ceremonia en la intimidad

Sea como fuere, toda historia tiene un final. Y, para el caso de una tan especial como ésta, BMW confeccionó uno a la altura. En su planta de Leipzig se dieron cita quienes iban a convertirse en los propietarios de los últimos 18 ejemplares.

Un operario trabaja en uno de los Últimos BMW i8

Como privilegio, pudieron contemplar cada paso de la construcción de sus nuevas adquisiciones. Como nota extra de exclusividad, cada uno de estos postreros i8 Roadster se ensamblaron ‘fuera de carta’. Es decir, ‘customizados’ en el color y detalles solicitados por cada cliente.

Al otro lado -con el orgullo de quien sabe que está escribiendo sus últimos versos-, los operarios trabajaban en cada unidad con el mismo esmero de siempre. El mismo que ya no volverían a emplear. Con el último de los 18 recién salido de la línea, un sentimiento ocupa el lugar de un nuevo chasis que ya no entrará por el otro extremo: el de un trabajo bien hecho.

Foto de los Últimos BMW i8 con sus propietarios

Tras la pertinente ‘foto de familia’ de máquinas y propietarios, el director de la fábrica Hans-Peter Kemser no disimulaba su entusiasmo: «Una vez más, hemos demostrado nuestra capacidad para cumplir con los estándares altamente exigentes y las especificaciones personales de nuestros clientes con soluciones únicas y habilidades sin igual». Y, liberando la emoción, añadió: «Para que la producción del BMW i8 termine con un final como este es algo de lo que todos podemos estar muy orgullosos».

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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