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Actualización: precio del primer Mazda eléctrico

Cada cierto tiempo, en un rincón de Hiroshima se proponen desafiar a las convenciones de la industria automotriz. Ahora, le ha tocado al coche eléctrico. ¿Qué tendrá para diferenciarse de sus competidores?

Imagen del Mazda MX-30 circulando por carretera

En los tiempos que corren, pareciera que la industria de la automoción es más homogénea que nunca. Todos venden SUVs… Y todos, ahora, están lanzando modelos eléctricos o electrificados.

Y, sin embargo, aún quedan fabricantes que tratan, por todos los medios, de ‘plantar cara’ a estas costumbres. O, al menos, de llevarlas a su manera. En esta línea siempre encontraremos a marcas como Mazda.

No en vano, así ha sido desde siempre. Cuando en los sesenta otros probaron suerte con los motores rotativos -para enviarlos a la papelera poco después-, la firma japonesa ya había comenzado a producir en masa su Cosmo Sport.

Por no hablar del advenimiento -en 1989- del primer MX-5, el ‘roadster’ que vino a revivir un segmento -eternamente protagonizado por los deportivos ingleses- que la Crisis del Petróleo de los setenta había borrado del mapa.

De esta manera, en el último Salón de Tokio, la marca quiso adentrarse completamente en el sector de los vehículos eléctricos. Así, tras sacar partido de la microhibridación en modelos como el compacto 3, allí presentó su primera propuesta de un EV puro: el MX-30.

¿Una declaración de intenciones?

Al analizar este modelo, nada parece casual. Empezando por su nomenclatura, cuyo prefijo ‘MX’ ya nos lleva a pensar que los japoneses aspiran -tal vez- a liderar este novedoso mercado que aún no ha terminado de forjarse.

En segundo lugar, su estética -según juran y perjuran desde Mazda- mantiene la filosofía de diseño Kodo tan conocida, aunque se aprecia una considerable cantidad de líneas rectas y aristas pronunciadas que lo llevarían a emparentarse con rivales como el Volvo XC40 o el Toyota C-HR. Además, recupera una tecnología que no veíamos desde el último RX-8: las puertas traseras ‘ocultas’, que se abren en compás y a contramarcha.

Imagen lateral del Mazda MX-30

En cuanto a la parte mecánica, el modelo dispone de un propulsor de 143 CV, suficiente para que la velocidad máxima alcance los 140 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h sea en 9,7 segundos. Buenos valores para un coche que, aunque no es especialmente grande -mide 4,39 m de largo y 1,55 m de alto-, pesa cerca de 1.645 kg, de los cuales 300 son ‘culpa’ de la batería.

Por cierto, que dicha batería dispone de una capacidad de 35,5 kWh, ofreciendo una autonomía media de 200 km que puede convertirse en 262 km con el uso urbano. No son, desde luego, unas cifras ‘para tirar cohetes’. Pero sí son un claro indicativo de algo: Mazda busca -a largo plazo- triunfar con su propio trabajo.

Retales de la historia

El habitáculo -por su parte- mantiene el espíritu del resto de la gama, incluyendo su sistema multimedia -compatible con Android Auto y Apple CarPlay– y su pantalla de 10 pulgadasque no puedes tocar.

Interior del Mazda MX-30

No obstante, al no necesitar un mando mecánico para la transmisión, los diseñadores han situado en su lugar una consola flotante central, en la cual están presentes algunos materiales ‘ecofriendly’ como, por ejemplo, el corcho que ‘tapiza’ los huecos portaobjetos.

En este último detalle en particular, la firma de Hiroshima no ha dado ‘puntada sin hilo’. Y es que, originalmente, la compañía hoy llamada Mazda Motor Corporation empezó su andadura bajo el nombre de Toyo Cork Kyogo Corporation, el fabricante de corcho más destacado en su época y lugar.

La gama inicial del modelo va a comenzar con una serie especial que recibe el nombre de 1st Edition. Una versión que, de serie, viene muy equipada y cuyo precio de venta es de 34.590 euros. Para hacerte con una, debes reservar tu unidad en una web creada por la marca y adelantar la cantidad de mil euros.

Una de las ventajas de esta primera versión -que no se empezará a entregar hasta el próximo otoño- es que llevará incluida un ‘wallbox‘ o cargador de pared.

Diego García
Licenciado en Periodismo, comencé mi andadura en prensa local con el Heraldo de Soria y terminé haciendo labores de comunicación para la Biblioteca Digital del Ayuntamiento de Madrid. Agradecido de poder expresar con mi trabajo mi amor por los coches. Petrolhead a tiempo completo y, cuando no estoy trabajando, pilotillo en simuladores de conducción. Sólo estoy vivo cuando estoy en la carretera. Creo firmemente en un uso responsable de la tecnología. Por ello, mi cometido aquí es contribuir a que la sociedad pierda el miedo frente a los avances y cambios que trae.

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