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Mitsubishi Outlander PHEV: ¿botón o pantalla?

Es uno de los híbridos enchufables más conocidos -y vendidos- del mercado. Se ha dicho mucho y muy bueno sobre su motor. Pero ¿qué pasa con su tecnología? ¿Está al día? ¿Es fácil de manejar?

Imagen de 3/4 frontal del Mitsubishi Outlander PHEV blanco

Mitsubishi fue la primera marca del mundo que se atrevió a apostar por un SUV híbrido enchufable. Fue en 2012 cuando el fabricante japonés presentó en el Salón de París al Outlander PHEV, que puso a la venta un año más tarde. Y parece que la jugada le ha salido bien a Mitsubishi. Más de 6 años después, se han vendido más de 200.000 unidades en todo el mundo de este modelo.

Por eso, no es de extrañar que le hayan salido imitadores. Los SUV híbridos enchufables se han multiplicado. De hecho, a lo largo de 2020 podrás elegir entre una veintena de modelos diferentes. ¿El gran animador del segmento? El Grupo PSA, que en muy poco espacio de tiempo está trayendo a este mundo ‘enchufable’ a cuatrillizos: el C5 Aircorss Hybrid, el DS 7 Crossback E-Tense, el Grandland X Hybrid y el 3008 Hybrid.

Así que ha sido ha llovido desde que vimos por primera vez aquel Mitsubishi Outlander PHEV en París. Se ha hablado mucho desde entonces de su sistema híbrido. Pero quizá algo menos del equipamiento tecnológico que alberga este coche en su interior. Y es en esto en lo que se centrará este análisis: ¿aguanta el tipo su tecnología frente a competidores más modernos?

Bien equipado

La versión probada es la Kaiteki, que corresponde al nivel intermedio de equipamiento. Con los descuentos vigentes a la hora de escribir este artículo, su precio se queda en 37.070€.

Trae de serie un gran número de ayudas a la conducción, como alerta de cambio involuntario de carril -solo avisa, no corrige la trayectoria-, alerta de tráfico trasero, control de velocidad adaptativo -que resulta molesto por la cantidad de pitidos que produce- y detector de ángulo muerto. A la hora de aparcar, agradecerás -y más con sus dimensiones- que cuente con sensores de aparcamiento delanteros y traseros y cámara con visión 360º.

También cuenta con un buen sistema de iluminación Bi-LED y luces diurnas y traseras que emplean esa misma tecnología.

En cuanto a conectividad, dispone de conexión Bluetooth, dos puertos USB, Apple CarPlay y Android Auto. Todo ello se controla a través de una pantalla táctil de 7 pulgadas.

Esta dotación está en línea con su categoría. Incluye las tecnologías más fundamentales y solo se nota su edad en algunas carencias que empiezan a ser habituales en los modelos más nuevos del segmento. Entre esas tecnologías que echamos de menos, están el Head-Up Display, el aparcamiento automatizado, conexión Wifi.

Botón, botón, botón

Acceder al interior del Mitsubishi Outlander PHEV supone darte cuenta de que, a pesar de estar al día en equipamiento, este coche ya tiene una edad. Nada más sentarte en el asiento del conductor, te sorprenderás por la cantidad de botones que tiene. Hay decenas de ellos y están por todas partes. No es tanto que haya más que en otros competidores, sino su mala distribución y tamaño.

Vayamos por partes. En el volante, los botones son muy grandes y están distribuidos por toda la superficie. Normalmente, los vehículos solo llevan botones en la zona cercana a los dos radios superiores del volante. Y con un tamaño pequeño. Eso facilita su manejo: todo queda más o menos en la misma zona y se puede acceder a todos ellos con el pulgar sin desplazar las manos.

En cambio, el Outlander apuesta por botones más grandes y por incluir sendas filas de teclas entre los radios superiores e inferiores. Con ese tamaño y con esa colocación, hay que mover la mano para tocar los botones inferiores. Una molestia -y una distracción- innecesaria.

Tras el volante, en la parte izquierda del salpicadero, pegados a la columna de dirección, se sitúan un par de interruptores. Uno de ellos desconecta el control de estabilidad y otro sirve para cambiar el menú que se visualiza en la pantalla que se sitúa entre los dos relojes del cuadro de instrumentos. Creo que es muy acertado que el primer mando se sitúe ahí. Todo lo contrario en el caso del segundo.

Me explico.

Esta es una zona de difícil acceso. Queda tapada por el volante, por lo que no se ven a simple vista en posición de conducción y hay que buscarlos. Eso es algo positivo para desactivar el control de estabilidad, una maniobra que se supone que es muy esporádica y que se hace desde parado.

Pero no así el consultar diferentes menús de la pantallita del cuadro de instrumentos. Esta es una acción bastante frecuente al viajar, ya que es habitual que un conductor quiera cambiar del menú por el que ve el consumo del coche al menú en el que se ve cuánta autonomía le queda al coche. Debería de ser más accesible para poder consultarse en marcha sin distraerse.

Yendo a la parte central del coche, descubrimos varios mandos en la parte baja de la consola central y en la parte encajada entre los dos asientos. Este lugar es una muestra más de la desorganización que parece que reina en la distribución de botones del Outlander.

Por ejemplo, el botón que activa el modo sport, el que conecta el modo ECO y el que pone el coche en modo 100% eléctrico no están para nada juntos e incluso tienen un diseño diferente. Dado que se trata de 3 funciones similares, deberían de estar en un mismo selector, como es habitual en otros coches.

En cuanto a la botonería propia de la parte superior de la consola central, esta sí que sigue los patrones de la facilidad de manejo.

La pantalla central cuenta con varios botones de acceso directo que facilitan la interacción del conductor con el sistema multimedia y solo se echa en falta que las dos teclas que suben y bajan el volumen fueran un mando giratorio con el que regular el sonido más intuitivamente.

El grafismo de la pantalla, por cierto, sigue la moda entre los modelos japoneses de presentar un diseño anticuado. Como curiosidad, se pueden ver numerosas estadísticas sobre el consumo de energía, el funcionamiento del motor eléctrico, etc. Es interesante echarle un vistazo, pero mejor en parado, porque hay tanta información que parece un Excel.

Sobre los mandos de la climatización, son físicos, lo que siempre es de agradecer porque ayuda a controlar mejor la temperatura en marcha.

Deberes para la nueva generación

No hay que asustarse: en algo tenía que notarse que este modelo lleva casi una década en el mercado. Que su instrumentación y distribución interna esté desfasada entra dentro de lo normal.

Esperamos que la próxima generación -que conoceremos en la segunda mitad de este año- unifique funciones similares dentro de un mismo mando y otras pasen a manejarse -las que no son necesarias en marcha- a través de la pantalla central.

Por lo menos, su tecnología -tanto de ayudas a la conducción como de conectividad- y su sistema híbrido tienen poco que envidiar a modelos recién llegados.

J.M. de la Torre
He estudiado Periodismo para aprender cada día algo nuevo y Humanidades para pensar por mí mismo. Después de ponerme tras los micrófonos de COPE, estoy dispuesto a pasar página en el periodismo del motor. Desde bien pequeñito, los coches han estado en el centro de mis intereses y (según cuentan mis padres) ya con 3 años dejaba alucinada a la gente porque sabía reconocer la marca y el modelo de los coches que veía. La curiosidad es algo fundamental para un periodista, y ¡cómo no iba a sentir curiosidad por los coches del futuro y las tecnologías que los harán posibles!

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